Un futuro tan oscuro como incierto

Sin abandonar el presente, quienes nos gobiernan debieran estar ya pensando en el futuro: en cómo vamos a salir del agujero y cómo encararemos el mañana para enderezar la economía en los países afectados, como España.

TERESIANO RODRÍGUEZ NÚÑEZ. Periodista

NO hace tanto que se nos vino encima la pandemia del coronavirus. Y sin embargo, parece que lleváramos sufriéndolo una eternidad. Los que ya tenemos un puñado de años seguro que recordamos alguna situación en la que un mal se propagó de forma especial y bastante rápida, pero nada que ver con lo que estamos viviendo. Echo la vista muchos años atrás hasta los años de mi infancia y recuerdo, por ejemplo, el sarampión y sus acometidas: se daba por hecho que todos los niños tenían que pasarlo una vez, con lo cual quedaban inmunizados. Por eso no era raro que, cuando el mal había afectado a un niño se provocara el contagio de algún hermano que no hubiera pasado por el aro y así se acababa de una vez. Por supuesto que aquello no tiene nada que ver con lo que estamos viviendo, ni en la velocidad de propagación y de contagio ni en los efectos. Cierto también que no recuerdo una pandemia que se haya extendido tan rápidamente por el mundo, que haya afectado a tantas personas ni causado tantas muertes. Y eso, en una época de la historia del mundo cuando pareciera que todo estuviera bajo control.

El tema es de tal gravedad, que ya no es que merezca una atención especial: es que sin ella, países del mundo desarrollado como España se encontrarían frente a una dificultad a la que nos costaría mucho hacerle frente. A nivel popular, es decir, a la vista de lo que preocupa al ciudadano normal, lo que más le sale de ojo es que se hayan establecido limitaciones totalmente desconocidas por inusuales, como el confinamiento. En los años que tengo y no son pocos, no he conocido una situación como la actual: tanto si nos referimos a la manera y velocidad como se ha expandido por el mundo el coronavirus, como a las personas que ha afectado y a las consecuencias que ya está teniendo y otras graves que vendrán. La rapidez en su expansión global, los efectos sanitarios que está teniendo, los muertos que ya lleva causados y los desastres económicos que traerá consigo… no creo que tengan precedente.

Entiendo que en el ámbito popular, lo que más ha llamado la atención ha sido el confinamiento, diría que muy bien aceptado y seguido, a juzgar por el comportamiento de la inmensa mayoría de ciudadanos, aunque nunca falten cuatro payasos –y utilizo el vocablo en su sentido más peyorativo– que tienen que dar la nota saliendo a pasear una gallina, por ejemplo. Y menciono el confinamiento, no por su gravedad en sí, sino por el numero de personas a las que afecta y la trascendencia que tiene en el ámbito laboral, productivo y económico. Es este un aspecto en el que muchas personas que no se ven directamente afectadas no piensan, pero a cualquiera se le alcanza lo que supone tal contingencia en la economía general del país.

Ni que decir tiene que un parón en la producción general del país tiene efectos que pueden afectar gravemente a la economía del mismo. Esa es la razón por la que se adelantó la vuelta al trabajo en aquellas empresas en las que la actividad no supone un riesgo grave de contagiar a los trabajadores ni de expandir la pandemia. Claro que hay otro sector cuyo trabajo es fundamental y del que no se puede prescindir a pesar del peligro que entraña. Me refiero al sector sanitario. Médicos, enfermeras, auxiliares… todos los que tienen relación directa con los enfermos hospitalizados, corren un riesgo, que para remate puede verse agravado cuando se carece del material adecuado: algo que, por desgracia, no ha sido tan raro. Pero este personal, por su actitud y su entrega, bien merecen quitarse el sombrero ante ellos.

Capítulo aparte merecen los especuladores sinvergüenzas, a los que no les importa jugar con la salud o incluso la vida de los demás. Piénsese, por ejemplo, en el trajín que ha existido con material sanitario como mascarillas y similares, donde no han faltado los desaprensivos que han comerciado con material falsificado, sin importarles las graves consecuencias que ello puede acarrear.

En toda esta historia del coronavirus hay otro capítulo del que apenas se habla… y no será porque no tenga importancia. Se trata de las repercusiones económicas. El gobierno de turno, bajo la batuta de un presidente aficionado a las pláticas hueras y al uso del botafumeiro, habla como si estuviéramos en el mejor de los mundos y como si bajo su gobierno todo fueran ‘tortas y pan pintado’. Pero lo cierto es que, a juicio de los economistas rigurosos y desapasionados, el futuro económico que nos espera no es para echar las campanas al vuelo. Sus análisis dan como resultado una crisis económica que se hará sentir más pronto que tarde, especialmente en los países de la Unión Europea que se han visto mas duramente afectados y cuya economía se verá tocada gravemente en sectores vitales para ellos, como puede ser el turismo, En esa lista ocupan los lugares de cabeza Italia y España.

Se podrá decir, como salida, que lo más importante ahora son las personas, comenzando por los enfermos y el personal sanitario que sigue al pié del cañón. Cierto. Pero quienes nos gobiernan, sin abandonar el presente, debieran estar ya pensando en el futuro: en cómo vamos a salir del agujero y cómo encararemos el mañana para enderezar la economía en los países más afectados, España uno de ellos, que sin duda saldrá gravemente tocada y toqueteada. En la Unión Europea ya hay quienes están pensando no en cómo se podrá reconstruir la economía, sino en cómo podrán ellos huir de la quema: Holanda, por ejemplo. Y no creo que sea el único. Así que… a ver si Pedro Sánchez y sus compañeros de tarea dejan la palabrería y se ocupan de lo que realmente nos importa.

(Artículo publicado en HOY el viernes 1 de mayo de 2020)

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