Las energías renovables tras la COVID-19

¿Sirve para algo que Extremadura disponga de una superproducción energética? ¿Está rentabilizando Extremadura el que seamos grandes productores eléctricos con energía solar? Encontrar mecanismos para que las empresas promotoras tributenen Extremadura y que la mano de obra que emplean sea de la zona donde se construye la central deben ser objetivos prioritarios.


FERNANDO LÓPEZ RODRÍGUEZ. Doctor ingeniero industrial, catedrático de la Universidad de Extremadura.

Si hablamos de energías renovables, lo que nos viene inmediatamente a la cabeza son las plantas fotovoltaicas, esas inmensas superficies llenas de paneles con los que éramos en Extremadura los terceros productores de energía eléctrica con esa fuente, pero amenazando con asaltar el primer puesto antes de que sucediese lo del COVID -19. No en balde la Consejería para la Transición Energética, en palabras de la consejera, dijo que Extremadura podría albergar el 20% de la potencia que prevé del Plan Nacional de Energía y Clima, es decir unos 11.000 MW de fotovoltaica en el 2030.
La pregunta es ¿sirve para algo que Extremadura disponga de esta superproducción energética? ¿Está rentabilizando Extremadura el que seamos grandes productores eléctricos con energía solar? Se critica mucho que estas plantas no creen empleo y que la tributación de las grandes empresas que construyen estas plantas se efectúe fuera de Extremadura. No obstante analicemos si estas afirmaciones son ciertas.
Efectivamente se genera empleo, por ejemplo, la planta de Usagre e Hinojosa, Nuñez de Balboa, de 500 MW y 1.000 Ha de extensión, una de las mayores, si no la mayor de Europa, ha alcanzado picos de 1.300 trabajadores, en épocas de punta. La Consejería para la Transición Ecológica declaró que durante el primer semestre de 2019, época de mucho avance de la fotovoltaica, se crearon 2.300 empleos.
Lo que sí está claro es que en una planta, cuando se concluye, desciende inmediatamente el número de trabajadores, y por ejemplo, la misma planta de Usagre Hinojosa no dispondrá de más de 20-30 empleos durante la explotación. Bien es verdad que también se genera empleo, ya que esas superficies de dehesas dedicadas a la ganadería (1.000 Ha), no generan más de un empleo, el del pastor o cuidador del ganado. Otra de las ventajas de las grandes plantas es que mejoran el ecosistema y permiten la biodiversidad, e incluso llegan a regular la ganadería intensiva.
Es evidente que en estas plantas hay muy pocas empresas extremeñas que puedan estar en la construcción o explotación, aunque no es el caso de la Núñez de Balboa, en la que sí hay una empresa extremeña, pero es obvio que las grandes promotoras no tributan en Extremadura, tan solo contribuyen con el canon urbanístico y el ICIO (impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras) a la economía extremeña, además de los alquileres anuales de los terrenos a los propietarios.
¿Pero qué ha ocurrido con la COVID-19? El cierre de empresas y el paro en la economía han hecho descender tremendamente la demanda, lo que ha motivado el descenso en el precio de la electricidad. En el Pool, donde se lleva a cabo la casación de la oferta/demanda, una especie de mercado mayorista donde se fija el precio de la electricidad, en estos momentos el precio está muy bajo, de forma que no se cubre el coste de explotación de la fotovoltaica, el Coste Nivelado de Electricidad (LCOE). Esto debe hacer pensar a las empresas si siguen o no con los proyectos.
Antes de la COVID-19, la Consejería manifestaba disponer ya de 151 proyectos, el 77% en tramitación, con potencia total de 8.000 MW, en camino de esos 11.000 Mw. Incluso se ha anunciado la reactivación de los plazos de tramitación. Todo esto quiere decir, si la economía española comienza a funcionar, que se reactivará la demanda y el monocultivo eléctrico extremeño, procedente de las huertas solares también continuará su expansión.
Se ha repetido ya en varias ocasiones que la generación de energía en Extremadura es barata, nuclear, renovable e hidroeléctrica, y no hay que amortizar instalaciones, porque están ya amortizadas, tal como la central nuclear o las presas y pantanos, y la renovable se hace con financiación totalmente privada. La energía que se consume, o se va a consumir en Extremadura, es renovable, o se puede cubrir con renovables, se genera, por tanto, próxima al consumo y sin peajes ni pérdidas por transporte. Es decir, es muy barata.
Sin embargo, tenemos el inconveniente de soportar esos inmensos campos de paneles en nuestras dehesas y cultivos, se habla de llegar a 200.000 Ha según determinas previsiones, y una nuclear que nadie quiere tenerla próxima a su territorio, además abastecemos con energía eléctrica a siete u ocho comunidades autónomas ya que producimos 4,5 veces más de lo que necesitamos y seguimos siendo la región más pobre de España.
Esto no debe seguir así. La base tal vez sea el apoyo al empresario y a todas las empresas que puedan surgir de la crisis con la bajada del precio de la energía, lo que no supone nada extraordinario, sino más bien se nos debe a los extremeños. Encontrar mecanismos para que las empresas promotoras tributen en Extremadura o dejen unos beneficios similares a lo que dejan de tributar en la región, y que la mano de obra que emplean en la construcción de las plantas y posterior explotación sea de la zona en donde se construye la central, deben ser también objetivos prioritarios.
Sin esto, pasará la postguerra, el COVID-19, e incluso la colonización energética, como algunos la llaman, sin que de nuevo se note en Extremadura y sin aprovechar las ventajas económicas y empresariales que, sin duda, otras regiones sí que aprovecharán.

(Artículo publicado en HOY el 7 de junio de 2020)

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