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El libro fue presentado el pasado 29 de septiembre en la sede de la Unión de Biblófilos Extremeños.


Como tantos durante el confinamiento, impuesto como prevención de la pandemia del Covid, Manuel Pecellín Lancharro veía pasar la vida por las ventanas que se abren al exterior y al interior. Durante la cuarentena fue tomando nota tanto de lo que veía como de lo que sentía, de lo que percibía y le llegaba. El resultado de esa especie de cuaderno de bitácora, diario o agenda, sería después ordenado en un libro y detallado en forma literaria.
Con el título “Máscaras de invierno” sería editado por la firma editorial Sial Pigmalión y dado a conocer en las Ferias del Libro de Cáceres y Badajoz.
El pasado 29 de septiembre era presentado en la sede de la Unión de Bibliófilos de Extremadura en un acto en el que intervinieron Matilde Muro, presidenta de la UBEx; Luis Sáez, director de la Editora Regional; Basilio Rodríguez, pesidente del grupo editorial Sial Pigmalion, y el autor. Aunque Máscaras de invierno pueda parecer un diario donde Manuel Pecellín fue registrando sus visiones, emociones y sentimientos, en realidad es más que eso.
Como apunta Sáez Delgado resultaría demasiado inmediato y simple etiquetarlo como diario o dietario porque en realidad no lo es. Sus páginas, señala, “se acogen a alguno de los géneros olvidados, que miran con agrado las crestomatías y los florilegios, que forman un centón, género muy de nuestro Siglo de Oro y sobre todo muy de nuestros días, los que han disuelto las categorías con que entendíamos la literatura y saben añadir las gotas justas de autoficción al artículo, al ensayo y al aforismo”. Una conclusión que para el director de la Editora Reagional “late tras los párrafos y los días de un volumen que Manuel Pecellín ha moldeado como un libro de libros y de curiosidad y de memoria de lo vivido; de algún modo, como todos sus libros más suyos”. 

Pese a las fechas, tan cercanas, no es este un texto centrado en el presente. Apenas se asemeja en que el tiempo detenido para lo exterior, para el viaje o el encuentro, se siente a sus anchas a la hora de celebrar el viaje interior, que es el diálogo que siempre han celebrado los humanistas, los que se declaraban en continuo coloquio con los maestros antiguos. Y, sin embargo, este es un libro que nunca se vence por la melancolía, y los días del invierno real que desarrolla, la estación canónica, están animados por la esperanza de la primavera. Por eso tiene algo de necesario que los trabajos y los días de Manuel Pecellín se confundan con una parte de la historia de la Extremadura contemporánea, en la que no es raro encontrar su nombre, y en la que ha asumido el papel del intelectual que más allá de la escritura asiste y participa y es un activista. Pero, sobre todo, desde la altura que corona la cima de sus trabajos y sus días, disfrutamos de un Zeitgeist del siglo xx, que es aún nuestro siglo, que le da coherencia y sentido. Una forma de ver el mundo que Máscaras de invierno prefigura y recoge, en miniatura, como la más completa imagen del universo de su autor.