Ciencia y Tecnología

El mundo desarrollado debe apoyar sin demora a los países en desarrollo: vacunas contra el coronavirus, apoyo logístico y tecnológico, patentes, medicación y medidas contra el VIH. No fallan las vacunas sino la gestión global de la pandemia

Agustín Muñoz Sanz. Médico y escritor.

Como cada uno de diciembre, se vuelve a celebrar el Día Mundial del Sida, una pandemia de cuatro décadas, inacabada, que ha matado a más de cincuenta millones de personas. Y desde hace dos años (diciembre 2019) se vive la pandemia inacabable de coronavirus que ha matado a más de cinco millones. Tal vez sea apropiado analizar la conexión de estas dos graves infecciones que conforman un paradigma de sindemia.
Desde el punto de vista geográfico se reitera que el origen de una variante coronavírica no tiene por qué ser el mismo del país o ciudad donde se detecta. No solo se pretende evitar la injusta estigmatización territorial, sino tener en cuenta el fenómeno evolutivo de la convergencia (aparición simultánea en diferentes lugares). Referido al trayecto evolutivo de la nueva variante ómicron, no tiene antecedente (o no se ha encontrado) en ninguna de las doce variantes previamente descritas. El ancestro más cercano surgió, probablemente, hacia la mitad de 2020. Algunos investigadores se preguntan sobre su origen animal. La respuesta no está en el viento, sino en el análisis filogenético. La rama evolutiva, extremadamente larga, de más de un año de duración hace suponer que ómicron se ha gestado en una persona inmunodeprimida con pobre capacidad de respuesta inmunitaria.
Sudáfrica tiene 57 millones de habitantes (julio 2021) con más del 40% de la población menor de 24 años (87% por debajo de 54 años). Desde el inicio de la pandemia de VIH/Sida ha sido uno de los países más castigados por la infección. El país del invicto Mandela ha llegado a sumar un número aterrador de casos de VIH/Sida (entre el 20 y el 25% de los habitantes, es decir, en torno a la cuarta parte de su ciudadanía; en 2020, 19% o 7,8 millones). Por otra parte, las cifras de pacientes en tratamiento con fármacos antirretrovirales (AR) contra el VIH están muy por debajo de lo deseable (en torno al 70%). Los pacientes infectados con el VIH no tratados con AR tienen, por definición, un grado creciente de deterioro inmunitario, sobre todo de la inmunidad celular (linfocitos T) que conforma un mecanismo esencial para la defensa inmunitaria frente a numerosas infecciones y tumores. También es clave en la regulación de otras líneas de respuestas inmunitarias como la humoral (linfocitos B, células plasmáticas y anticuerpos). Esta circunstancia convierte al paciente infectado con el VIH no tratado con AR en el paradigma de inmunodeprimido. Y en un tubo de ensayo biológico para la producción de mutaciones por coronavirus. El símil del tubo de ensayo biológico recuerda a lo que sucede en la tráquea del cerdo en cuyos receptores celulares se desarrolla el intercambio de genes entre diferentes cepas de virus de las gripes aviar, porcina y humana, el fenómeno genético recombinante necesario para la producción de las temibles pandemias gripales.

El paciente infectado con el VIH no tratado con AR es un tubo de ensayo para la producción de mutaciones por coronavirus

El coronavirus pandémico soporta bien y durante un tiempo prolongado la débil defensa inmunológica del sujeto inmunodeprimido y, por consiguiente, del infectado por el VIH sin AR. Por otra parte, la respuesta inmunitaria a la vacuna contra el coronavirus en los tratados con AR es buena. Con inmunodepresión sostenida, las mutaciones en el coronavirus pandémico pueden surgir en número y variedad preocupantes. Es lo que pudo haber sucedido, puede estar sucediendo y podrá seguir sucediendo si no se interviene pronto y de modo contundente. Y no sólo en Sudáfrica, donde solo una cuarta parte de la población está vacunada contra el coronavirus. La tormenta perfecta descarga su furia en más países donde hay muchos pacientes infectados con el VIH no tratados, infección por el coronavirus galopante y sin control y alta probabilidad de la génesis de coronavirus mutantes multimutacionales cuyo consorcio de mutaciones no tiene visos de parar. En este sentido, las variantes beta o B.1.351 (8 mutaciones en la espiga) y la ómicron de ahora (35 mutaciones en la espiga) son pruebas contundentes que denuncian un fenómeno de implicaciones sanitarias, sociales, demográficas, económicas y políticas extraordinarias.
Nadie sabe si estamos ante otra onda expansiva planetaria del SARS-CoV-2. Todo dependerá de la extraordinaria capacidad de sorprender del virus que induce la posibilidad de errar en las predicciones. Al final, va a ser cierto que el coronavirus pandémico se parece a los virus de la gripe. Pero no respecto a la virología, epidemiología, patogenia, clínica, diagnóstico o la respuesta a las vacunas y a los escasos tratamientos farmacológicos, sino en que lo único previsible respecto a él es que es absolutamente imprevisible. El mundo desarrollado debe apoyar sin demora y de forma contundente a los países en desarrollo: vacunas contra el coronavirus, apoyo logístico y tecnológico, patentes, medicación y medidas contra el VIH. Desarrollo. No fallan las vacunas ni los tratamientos, sino la gestión global de la pandemia.

Artículo publicado en el diario HOY de Extremadura el 1 de diciembre de 2021

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El coronavirus desempeña con eficacia su afán: mutando y matando.
¿Y si cumpliéramos a rajatabla la locución latina adverbial ‘mutatis mutandi’? En lengua romance, cambiando lo que se debe cambiar


AGUSTÍN MUÑOZ SANZ. Infectólogo, profesor titular de la Universidad de Extremadura y miembro de Club Sénior.

Entre las preocupaciones de los defensores de la vacunación anticoronavirus están contrarrestar los argumentos esgrimidos por los movimientos antivacunas, amén de tranquilizar y persuadir a los indecisos. Los oponentes propalan que las vacunas ARNm, de rango genético, alteran el genoma humano. Defienden que una secuencia de ARNm sintetizada en un laboratorio podría integrarse en el ADN de las células del vacunado y modificar su genoma. La FDA (USA) y el Instituto Robert Koch (Alemania) aseguran que las vacunas ARNm no entran en el núcleo celular, donde reside –protegido– el ADN. Ambos organismos certifican que las vacunas no son terapia génica. ¿Está dicho todo sobre la interacción genética entre coronavirus y humanos?
El genoma humano (ADN) acoge segmentos de virus, por ejemplo, los retrovirus endógenos, que representan el 5%-8% del saldo total genómico. También contiene el denominado LINE-1 (siglas en inglés del Elemento Intercalado Largo-1), una secuencia genética movible capaz de crear o invertir mutaciones. LINE-1 acumula restos evolutivos de virus antiguos integrados en el genoma humano (como perlas de un collar) en cuantía del 17%. La expresión de LINE1 puede ser aumentada por virus (VIH, SARS-2) y ciertas moléculas biológicas naturales.
Un estudio experimental reciente, pendiente de sortear la necesaria revisión por pares de expertos en una revista de prestigio (garantía de control científico externo), y realizado en el MIT (Massachusetts Institute of Tecnology) y en la Universidad de Harvard, demuestra que las células humanas infectadas con el SARS-2 aumentan la expresión del LINE-1 capaz de integrar (mediante retrointegración) secuencias genéticas del virus en el genoma humano (esto se llama quimera). Los genes quiméricos ordenarían la síntesis de la proteína N vírica, un componente de la estructura viral. También lo puede hacer el virus del sida.
El novedoso fenómeno abre nueva vías de investigación de un virus que sorprende a diario a los más listos de la clase. Si el experimento del MIT/Harvard se demostrara ‘in vivo’, en animales y en humanos, permitiría preguntarse lo siguiente: ¿Reinfección o reactivación?
Las reinfecciones (volver a infectarse un infectado), siendo posibles, son raras. La mayor parte de los pacientes con una PCR positiva, tras haber sido negativos en dos ocasiones previas (al alta del hospital o del centro de salud), en verdad tendrían una reactivación, y no una reinfección. Las reinfecciones se deben a una variante vírica distinta a la primera. Pero, muy importante, no se reproduciría el genoma del coronavirus completo, sino solo la proteína N, carente de capacidad de contagio. Los sujetos con reactivación no serían contagiosos.
¿Y qué significaría esto en la práctica médica? ¿Revisar las PCR? El supuesto anterior plantearía revisar los protocolos de las pruebas de PCR realizadas en el seguimiento del paciente, antes de dar el alta y de incorporarse a su vida social y laboral. El lector habitual de este periódico acaso recuerde un
artículo previo (‘Un disparo en la oscuridad’, HOY, 15 de septiembre) donde analizamos este importante asunto.
¿Respuesta inmune favorable? La presencia de la proteína N, sintetizada merced a la expresión aumentada de LINE-1, podría estimular de forma prolongada el sistema inmunológico humano. Se trataría de una estrategia biológica capaz de neutralizar al virus. Un efecto beneficioso o ventaja adaptativa para el humano y deletéreo para el virus. Sería como una vacuna natural: en lugar de utilizar el RNAm sintético de las vacunas Pfizer/Moderna que secuencia la proteína S (Spike), el antígeno provocativo
de la respuesta inmunitaria sería la proteína N (nucleocápside) inducida por el LINE-1 natural. Pero…
¿Respuesta inmune desfavorable? El aumento de la expresión del LINE-1 humano provocado por SARS-2 o el VIH también ocurre cuando se exponen las células experimentales humanas a citocinas (unas moléculas proinflamatorias sintetizadas por otras células). Esto podría provocar efectos indeseables: a) una respuesta inmunitaria excesiva y pronta (la famosa tormenta de citocinas) con enorme daño multiorgánico, incluso la
muerte; b) una respuesta inmunitaria más suave, prolongada y persistente, origen de fenómenos autoinmunes; es decir, de daños en los tejidos y órganos del sujeto infectado (las enfermas de lupus eritematoso conocen el calvario); y c) incluso –quién lo sabe– podría explicar algunos de los
síntomas que maltratan a los pacientes covid-19 de larga duración (el 10% de los infectados). Este último supuesto no es del MIT/Harvard.
En fin, hay un universo de cuestiones. Y lo que nos falta por aprender. Mientras los humanos dilapidamos el tiempo compitiendo en comportamientos indicativos de una involución de la especie (¡pobre
Darwin!), el coronavirus –miembro notable de la cofradía de los virus ARN– desempeña con eficacia su afán: mutando y matando. Pregunta final: ¿y si cumpliéramos a rajatabla la locución latina adverbial ‘mutatis mutandi’? En lengua romance.cambiando lo que se debe cambiar.

Artículo publicado en el diario HOY el sábado 2 de enero de 2021.

Ciencia y Tecnología

Los estudios de anticuerpos permiten conocer la tasa de infectados de una población. En torno al 60%-70% de estos dificultará la circulación del virus. Sería una vacunación natural. La meta para ‘normalizar’ la vida

AGUSTÍN MUÑOZ SANZ. Médico.
Vicepresidente y portavoz de la Academia de Medicina de Extremadura.

Son muchas y variadas las noticias publicadas y comentadas respecto al coronavirus pandémico. Y sobre los problemas médicos, sanitarios, económicos y políticos que está generando. Está de moda el asunto de los anticuerpos (pruebas rápidas y serología convencional), pero inquieta que se hable a la ligera de un asunto tan complejo. Un problema (la validez, certeza e interpretación de los análisis vigentes) que tiene preocupados y ocupados a numerosos científicos talentosos y es el objetivo principal de varias multinacionales del sector. Puede ser oportuno recordar conceptos de forma sencilla y entendible. Lo dicho aquí sirve hoy. Las esperanzas de muchas personas en relación con la pandemia de la COVID-19 están centradas en el ‘valor de los anticuerpos’. Interesa a los políticos, sanitarios, personas infectadas, periodistas y población general.

¿Qué son los anticuerpos? Unas moléculas producidas por células del sistema inmune de los organismos complejos (como el ser humano) para defenderlo de agresiones microbianas externas. Cuando un virus o una bacteria agrede al humano por primera vez, su sistema inmune examina al microbio (a sus moléculas de virulencia o antígenos: en el coronavirus, la famosa proteína S o spike y otras). Las células inmunitarias humanas responden produciendo inmunoglobulinas (anticuerpos), toman nota del microbio visitante y guardan el perfil antigénico del mismo (su fotografía) en la memoria inmunológica. El recuerdo se activará en futuras visitas del microbio (reinfecciones). Es el mecanismo biológico de las vacunas: una respuesta inmediata de anticuerpos cuando llegue el microbio combatido por la vacuna (por ejemplo, el virus de la gripe anual).

¿Cuántos tipos de anticuerpos hay? Cinco: IgG, IgM, IgA, IgE e IgD. Ig significa inmunoglobulina (es decir, anticuerpo). Nos interesa recordar a IgM, IgG e IgA. Los IgE (relacionado con alergias) y los IgD no entran ahora en el asunto tratado.

¿Cuáles responden frente a una infección? IgM e IgG e IgA.

¿Todos protegen de infección? No. Los anticuerpos sirven para hacer el diagnóstico de una infección activa o pasada. A veces también protegen al sujeto infectado frente a un segundo ataque del mismo microbio (reinfección). Pero necesitan tener la capacidad de neutralizar al microbio (anticuerpos neutralizantes) interfiriendo en algunos de los mecanismos de virulencia del mismo: por ejemplo, en la entrada en las células humanas. La respuesta inmunológica no neutralizante no protege. Habrá seropositividad, pero no inmunidad protectora. Esto es muy variable en una población y en una misma persona. Hay respuestas favorables con protección y otras no. Los no protegidos (no inmunes) pueden volver a infectarse e infectar a otros. Un problema serio entre los sanitarios y los cuidadores de los centros de acogida.

¿Qué expresan los análisis de anticuerpos? Un sujeto expuesto al microbio será positivo por regla general (hay excepciones). Hay diagnóstico seguro y no hay certeza de inmunidad. Un ejemplo es el virus del sida (VIH): sus anticuerpos son no-neutralizantes (no protegen), pero diagnostican (los positivos están infectados).

¿Qué anticuerpos produce el virus pandémico? Tres: IgM, IgA e IgG. Los produce el sujeto infectado a los 7-10 días de infectarse (mayor cuantía entre los días 14 y 24). Primero aparecen los IgM/IgA, luego los IgG. Los IgM/IgA desaparecen en días o semanas. Los IgG durarán semanas, meses o años. Ahora (primeros de mayo 2020) se desconoce el tiempo que durarán. Por el comportamiento de otros coronavirus mejor conocidos (los respiratorios habituales y los epidémicos SARS y MERS), se sabe que la inmunidad puede durar varios meses o incluso hasta dos años. No hay inmunidad duradera o de por vida (como sucede con el sarampión).

¿Diagnostican los IgM/IgG del coronavirus pandémico la COVID-19? Sí. Según la cronología de la infección pueden ser positivos ambos, positivo uno solo o ninguno. Escenarios posibles:

a) Ambos (IgM/ IgG) negativos: No hay infección. Excepciones: periodo ventana y falsos negativos. Si hay infección y el análisis se hace en los siete primeros días (es el periodo ventana), pueden ser todavía negativos, pero un análisis de PCR (técnica genética) detectará el virus (a veces tarda más). Una situación real e indeseable es la negatividad de anticuerpos habiendo infección fuera del periodo ventana (son falsos negativos). Algunas técnicas del mercado no funcionan adecuadamente. Es muy importante saberlo.

b) Uno solo (IgM o IgG) positivo: el significado es distinto según la clase de anticuerpo: simplificando, IgM positivo/IgG negativo indica infección reciente y activa. IgM negativo/IgG positivo puede indicar infección pasada.

c) Ambos (IgM/IgG) son positivos: Hay infección activa. El sujeto (asintomático, presintomático o enfermo) puede contagiar a otros.

¿Sirven los estudios poblacionales de anticuerpos? Sí. Permiten conocer puntualmente la tasa de infectados de una población. Informan del grado de inmunidad grupal. En torno al 60%-70% de la población infectada (con o sin síntomas) dificultará la circulación del virus. Sería una vacunación natural. La meta para ‘normalizar’ la vida.
(Artículo publicado en HOY el 7 de mayo de 2020)