VIEJOS Y SOBRADAMENTE SABIOS

VIEJOS Y SOBRADAMENTE SABIOS – Alfredo Liñan
Desde la ventana veo caer la tarde sobre el campo empapado de san Martín de Trevejo; hasta aquí nos ha traído la fecunda inquietud del Club Senior de  Extremadura que un año más ha sido capaz de movilizarnos, puñado de viejas glorias  con el alma quizá llena de cicatrices, pero irreductibles al desaliento, empeñados en seguir esperanzadoramente activos. Un año más nos reunimos para perder  la  mirada en esta tierra irredenta e intentar aportar ideas, o sugerencias o al menos ser una voz crítica que intente roturar veredas y desbrozar caminos de futuro. Tiene mucho mérito el trabajo de este “Club” anclado en la testarudez de su fe contra viento y marea en las potencialidades de esta Extremadura tan proclive a encogerse de hombros. Este año ha querido sumarse al debate el presidente Fernández Vara. Es importante encontrarse con un político capaz de bajar desde el Parnaso a tierra de mortales y aún más que lo haga dispuesto a escuchar, sin intentar manipular, ni “vender motos” que nadie tiene el más mínimo interés en adquirir. Gracias.

Y esa es la razón por la que escribo hoy desde la paz de este atardecer en la Sierra de Gata contemplando cómo se azorran cara a la noche “madroñeras, lentiscos y jaras, helechos y hiedras, madreselvas, zarzales y brezos, retamas escuetas…”. Mi padre me acercó siendo niño a la poesía en los versos de José Mª Gabriel y Galán; aún recuerdo cómo disimulaba porque no le viéramos emocionarse cuando nos leía “El Ama” en quien él sublimaba a su madre muerta y aún sigo prendido en aquellas “castas soledades hondas”, en estas “mudas perspectivas serias”. Por eso no puedo evitar perderme tiempo adentro en la paz de este paisaje tan extremeño y tan hondo que el poeta supo contar, y cantar, tan bien aunque “hogaño no sea moda” y algunos me miren con estúpida pedantería post moderna cuando lo cito. “Y la sierra gentil, más arriba, perdiendo asperezas… ¡sonriendo a medida que sube la vida por ella!”

Qué lejos quedan vistos desde aquí los inútiles afanes de cada día, las contradicciones de un país que se desangra en el desgobierno, en la mezquindad y en la desconfianza cerril que convierte a los ciudadanos en bultos sospechosos; en actuaciones policiales repintadas de viejo fascismo, mientras la ilustre durmiente de la fiscalía general debe de saber, pero no contesta; en manos jamás limpias, hundidas en el lodo ; en la náusea de contemplar cada mañana la mentira como bandera política; en la vergüenza de ciertos medios que pagan por informaciones conseguidas mediante delitos y lo llaman “periodismo de investigación” (¡ay! Si tuvieran que jurar como en Santa Gadea no haber tenido arte ni parte); en ministros desmemoriados que no atinan a explicar ni lo evidente.

Qué lejos y qué terriblemente cerca y cómo me gustaría cerrar aquí los ojos de la memoria. Esta tarde, como al poeta, “la república humana me parece la peor”. “Ya no saben hundirse mis pupilas, en la visión serena de los espacios hondos, puros y azules, de extensión inmensa”. Que San Martín nos proteja. Amén.

Únete a la conversación

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.