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En los últimos días hemos vivido una sucesión de declaraciones relacionadas con el transporte de mercancías por ferrocarril. El 30 de septiembre se publica un primer artículo de Fernando Cortés, Cronista Oficial de Badajoz, en el que establecía un paralelismo entre la situación actual y la vivida en 1864, fecha en la que el proyecto de línea ferroviaria Badajoz-Ciudad Real parecía que no se iba a terminar nunca y asumía las palabras escritas en la Crónica de Badajoz por un autor anónimo de que «los culpables somos nosotros mismos que no excitamos nuestros Ayuntamientos a que eleven sus quejas a las autoridades competentes». Y concluye: «En épocas tan propicias como la presente en que los aspirantes a ser diputados nos exigen nuestros sufragios, no les exigimos nosotros a la vez que contraigan el solemne compromiso de gestionar el exacto cumplimiento de los contratos». Tuvo que dar resultado la movilización de la provincia vecina porque dos años mas tarde la reina Isabel II puso en servicio toda la línea Madrid-Badajoz por Ciudad Real. Hay que resaltar que en este proyecto tuvo una intervención crucial, una década antes, Francisco Luján, natural de Castuera y diputado por Badajoz, que fuera ministro de Fomento y que propició el cambio de trazado de la línea ferroviaria del valle del Tajo al valle del Guadiana, dejando a la provincia de Cáceres sin comunicación ferroviaria.

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¿De qué nos vale ser, desde 2014, la única región española Objetivo 1 de la Unión Europea, si no convergemos con la media nacional? ¿Por qué no tenemos ninguna gran empresa o proyecto de obra acogido al Plan Juncker? ¿Carecemos de fuerza negociadora en Madrid o en Bruselas para que nos tomen en serio?

HACE unos meses, en la fiesta de antiguos colegiales en Madrid nos reuníamos un grupo de extremeños alrededor del que fue nuestro director y se me ocurrió preguntar a los presentes cómo veían nuestra región. He de aclarar que todos ellos eran personas de dilatado y prestigioso curriculum. Con palabras parecidas, unos decían que en Extremadura se vivía muy bien, muy tranquilos y todo muy barato. Otros que estaba bien pero para fines de semana o vacaciones cortas, no para trabajar ni para formar un proyecto de futuro. Para otros la situación era muy mala porque estamos en la cola de los principales indicadores económicos y por sí sola no puede salir de dicha situación, dado que las diferencias con las regiones ricas habían llegado demasiado lejos. Por último, nuestro director intervino para decirnos que éramos los extremeños los que teníamos que resolver el problema y luchar unidos como algunos amigos nuestros lo habían hecho, volviendo a su tierra y montando empresas.

Si lo traigo a colación es porque, creo, refleja los distintos modos de ver una misma realidad. Hay mucha gente que en Extremadura se encuentra a gusto, adaptados a la situación o se conforman con lo que hay. Otros son magníficos profesionales o empresarios que luchan contra las adversidades. Los que tuvimos que marcharnos a estudiar porque entonces no había Universidad o los que se han marchado después porque no encontraron trabajo, es lógico que no pensemos lo mismo que los residentes. Algunos, para demostrar nuestro interés y compromiso con Extremadura, formamos parte del Club Senior para, junto a los que tuvieron la suerte de continuar en nuestra tierra, ofrecer propuestas o ideas convencidos de que existen recursos propios para mejorar la situación.

Viajando por carretera desde Madrid, Sevilla o Salamanca hacia Extremadura se puede observar que nos cruzamos con muchos camiones cargados de ganado que con valor añadido se venden fuera como productos finales por empresarios, en general, ajenos a nuestra Comunidad. Otros van cargados con materias primas a granel o con una primera elaboración como el corcho, tabaco, lana, pieles, madera, aceites y vinos en cisternas, arroz, frutas o tomates. También vemos que adelantamos a otros transportes con productos ya manufacturados de todo tipo e incluso alimenticios, elaborados con nuestra materia prima o sus derivados. Y nos preguntamos, ¿por qué no transformamos en nuestra región casi todo ello y de este modo crearíamos mucha riqueza y muchos puestos de trabajo?

Por otra parte, vemos grandes tendidos eléctricos en dirección a Madrid y es que la producción de la nuclear de Almaraz se consume en Madrid, donde se recauda el IVA, y otros ingresos tributarios van a Bilbao donde la empresa tiene su sede fiscal. Confiamos que dentro de unos tres años se inicie el cierre de dicha central y toda su producción se sustituya por las cuatro grandes plantas fotovoltaicas que junto con otras más pequeñas están esperando la autorización y que suman unos 2.000 megawatios. Si se añaden otras centrales de energía hidroeléctrica por bombeo reversible, algunas de biomasa y algo de eólica, tendríamos unos 3.000 nuevos MW de origen renovable, de acuerdo con las exigencias del cambio climático.

Sin embargo, viajando hacia Extremadura no veo muchos autobuses de turistas. La potenciación y promoción del turismo a escala nacional e internacional seria el tercer pilar de desarrollo: uno de carácter urbano con ciudades Patrimonio de la Humanidad y cargadas de historia, monumentos y rica gastronomía. Otro de carácter rural, de naturaleza, belleza paisajística, grandes embalses, con dos Reservas de la Biosfera y otra pendiente de serlo, que es la extensa y singular comarca de la Siberia, buena parte de ella declarada Red Natura. Nos gustaría que lo consiguiese, pero siempre que fuera compatible con el desarrollo sostenible y no provocara más emigración, como sucede con el mal entendido proteccionismo ambiental. La dialéctica persona o aves y medio ambiente, con inteligencia no debe ni plantearse. Aquí caben varias alternativas: bien se interpreta de forma flexible y con sentido común su regulación, bien ésta se modifica, bien se revisa la delimitación de la Red que abarca más del 30% del territorio.

Por ello, Extremadura tiene una dificultad añadida para su desarrollo. A título de ejemplos, se relacionan algunas obras y proyectos con problemas derivados de dicha Red y de las famosas declaraciones de impacto ambiental (DIA) que, a veces, una y otra carecen de fundamento. Son estos: 1) Urbanización Isla de Valdecañas, ejecutada en un 80% y pendiente de Informe si se derriba o no. 2) Autovía o mejora de la carretera Badajoz-Cáceres, con elevado sobrecoste por la DIA. 3) Mina de Aguablanca, pendiente de más documentación para la DIA. 4) Ampliación de los regadíos en Alcollarín y otros. 5) Diversas plantas fotovoltaicas, la última la de Calzadilla. Y sin embargo, el almacén nuclear de Almaraz tiene luz verde.

¿De qué nos vale ser, desde 2014, la única región española Objetivo 1 de la Unión Europea, si no convergemos con la media nacional? ¿Por qué no tenemos ninguna gran empresa o proyecto de obra acogido al Plan Juncker? ¿Carecemos de fuerza negociadora en Madrid o en Bruselas para que nos tomen en serio? Hagamos todos unidos un esfuerzo y pensando más en el interés común y menos en partidismos; planteemos con buenos argumentos nuestras necesidades y posibilidades para conseguir incentivos suficientes que permitan la instalación de empresas en la región, que es lo que crea riqueza y empleo.

 

PEDRO MARTIN RUIZ, miembro Del Club Senior de Extremadura
Economía/Social

SECTORES ESTRATÉGICOS DE FUTURO 

Consideraciones generales.

Dado los antecedentes de los últimos cincuenta años, Extremadura no puede o no sabe reducir la diferencia negativa en relación con la media de desarrollo nacional. Es más, en estos tres últimos años nos estamos alejando del índice de convergencia, de modo que lo que está sucediendo es un proceso de divergencia cada vez más acentuado. En 2016 España creció el 3,2 del PIB y Extremadura el 2%, y en el presente, según las previsiones, vamos por el mismo camino.

Las instituciones y la sociedad civil, en general, tienen que movilizarse y exigir a las administraciones del Estado y a la Unión Europea un plan de choque con inversiones públicas y fomento de las privadas, mediante la aprobación de incentivos para la instalación de empresas en la región.

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El Club Senior en los medios

En el futuro uno de los efectos más positivos que pudiera producir la polémica suscitada por el proyecto de enlace ferroviario entre Madrid y Lisboa a través de Salamanca tal vez sea la existencia del propio debate: el hecho de que una gran parte de la ciudadanía haya tomado conciencia de la importancia que las infraestructuras y las comunicaciones tienen para el futuro de la región. Y, sin embargo, junto a esta consideración positiva, están aflorando aspectos que denotan la pervivencia de comportamientos y actitudes que en buena parte son responsables del deplorable aislamiento ferroviario en el que se encuentra nuestra Comunidad Autónoma.

Desde el Club Senior de Extremadura, integrado por profesionales de muy dilatada trayectoria profesional, hemos creído oportuno terciar en esta polémica con algunas consideraciones que compartimos a pesar de la diversidad social e ideológica de sus miembros.

La primera, y no es ninguna novedad el caso que nos ocupa, es la ausencia casi absoluta de un debate técnico y profesional que dote de solvencia y garantía a la confusa polémica política en la que transcurren los proyectos sobre el desarrollo del ferrocarril en Extremadura. En nuestra comunidad existen Colegios Profesionales, Facultades y Escuelas Técnicas, organizaciones profesionales y patronales que debieran alzar su voz para contrarrestar o centrar el debate sobre las infraestructuras en Extremadura por encima de los intereses de partido o de grupo. Cualquier persona que examinara con objetividad y con neutralidad el itinerario dialéctico que el ferrocarril, y muy particularmente el AVE, ha tenido en nuestra región durante los últimos quince años se asombraría ante el cúmulo de despropósitos y falacias en las que se ha incurrido con total irresponsabilidad.

En segundo lugar, debemos señalar el riesgo de que la indudable frustración que la modernización de las infraestructuras ferroviarias ha provocado sirva de munición en las luchas de partido de las dos fuerzas políticas dominantes en la región. En cualquier caso, las incertidumbres sobre el futuro del ferrocarril en Extremadura confirmarían el fracaso de los gobiernos, tanto del PSOE como el del PP, obsesionados en reclamar soluciones que muy probablemente no son las mejores o, al menos, no han contado con el suficiente bagaje técnico. Una vez que los gobiernos de Lisboa mostraron su firme decisión de paralizar los proyectos de alta velocidad, hubiera sido el momento más adecuado para negociar como contrapartida soluciones definitivas para el transporte ferroviario de Extremadura, que indudablemente no pasan por modelos faraónicos y económicamente insostenibles. La falta de realismo, la sobreactuación reivindicativa, no son en modo alguno el mejor aval para que Extremadura cuente con infraestructuras ferroviarias acordes con sus necesidades reales y no con ensoñaciones producidas por un complejo de inferioridad incompatible con el desarrollo que Extremadura necesita. Cuando el debate sobre una materia técnica y económica tan compleja como son las infraestructuras ferroviarias se sustenta en consideraciones emocionales o en razones de oportunidad partidista, el desenlace es el previsible: la práctica desaparición del ferrocarril en Extremadura. El discurso reivindicativo del actual presidente de los extremeños, el socialista Fernández Vara, no es muy diferente a aquel brote de reivindicación ferroviaria que protagonizó en 2014 el presidente popular Monago, en su célebre intervención sobre la pervivencia de las traviesas que inauguraron el ferrocarril en Extremadura.

¿Quiénes son los culpables? ¿Los gobiernos de Madrid que no atienden los «legítimos intereses de Extremadura»? ¿La Junta de Castilla y León, dispuesta a llevarse a su territorio la conexión más directa entre Lisboa/Oporto y Madrid? ¿Los gobiernos de Lisboa empeñados en aplicar criterios de austeridad para inversiones no prioritarias? ¿Por qué no nos preguntamos con valentía y sinceridad qué nivel de responsabilidad nos corresponde a los extremeños y muy particularmente a sus gobernantes, incapaces de solucionar el gravísimo problema de las infraestructuras ferroviarias? Lo peor que podría suceder, ahora que de nuevo el problema ferroviario percute en las conciencias ciudadanas, es que el tren, ese tren extremeño que apenas si existe, se convierta en una especie de mantra, con el que los políticos en el poder o en la oposición traten de conjurar la frustración de la sociedad. En el imaginario del anterior presidente, la traviesa de Ribera de Usagre vino a representar el símbolo del «abandono secular», una frase que a la altura del siglo XXI apenas logra encubrir los fracasos de gestión de los gobernantes. Para Fernández Vara el proyecto del itinerario Madrid-Lisboa por Salamanca amenaza con convertirse en la ofensa que Rajoy está dispuesto a perpetrar contra Extremadura. Pero ni uno ni otro se atreven a reconocer que el atraso ferroviario es fruto principal de la incapacidad de los gobiernos extremeños que, en épocas de bonanza o en tiempos de austeridad, no han sabido resolver el gravísimo problema de las infraestructuras ferroviarias. La cuestión más grave es que, cuando el nuevo ferrocarril llegue, llegará tarde, no sólo con retraso, y, entre tanto, estarán en riesgo las expectativas de desarrollo económico, entre ellas, y muy particularmente, la plataforma logística de Badajoz.

Existen dos formas de afrontar el futuro. Una de ellas, absolutamente ineficiente: refugiarse en el lamento y la autoflagelación. Nosotros creemos que el futuro no solo del ferrocarril, sino del desarrollo de Extremadura, depende de la participación activa de la sociedad civil en el debate y en el diseño de soluciones para los gravísimos problemas sociales y económicos que afectan a nuestra comunidad. Probablemente en el diseño del ferrocarril del futuro habrá que introducir nuevos elementos de reflexión basados en razones técnicas y económicas solventes, entre las que no pueden faltar las consideraciones internacionales y muy especialmente el respeto a los intereses de Portugal. Pero no es que el tiempo apremie; es que, como siempre, Extremadura llega tarde, como los viejos trenes de nuestra infancia.

CLUB SENIOR DE EXTREMADURA José Julián Barriga Bravo, Juan Serna Martín, Marcelo Muriel Fernández, Francisco González Zurrón, José Antonio Gallardo, Pilar Pérez Breña, Florentino Reinoso González, Carmen Baztán Larrimbe, y Valeriano Ruiz Hernández