Soluciones para Extremadura, el paraíso despoblado

Tengo hijos que no tengo. No los tengo porque son extremeños, y para buscarse la vida se han tenido que ir lejos de su tierra.

Uno de los hijos que no tengo, Francisco, que está en Santiago de Chile, cuando tenía poco más de 12 años y veíamos juntos todos los días el Telediario, tuvo una época que siempre decía lo mismo cuando en la televisión salían imágenes horribles de gente muerta en terremotos, en inundaciones o en guerras.

–Pero… ¡¿Por qué no se vienen aquí?! – decía –. Si en Extremadura nunca pasa nada y aquí podían vivir tranquilos.

Miembros del Club ven muy positivo que 30.000 estremeños exigieran en Madrid un tren digno.
Miembros del Club ven muy positivo que 30.000 estremeños exigieran en Madrid un tren digno. / HOY

Para él, donde había nacido era un paraíso en donde nunca ocurría nada malo; pero en ese paraíso no hay trabajo y cada vez somos menos los que vivimos en él. Actualmente Extremadura tiene poco más de un millón de personas (1.079.000 según el padrón del año 2017) cuando en 1960 había 1.406.000 habitantes.

En Extremadura somos muchos los padres con hijos que no tenemos hijos, muchos los abuelos que tienen nietos a los que casi nunca ven. Hartos de esta situación: de que no se pare la marcha de miles de jóvenes que tienen que emigrar, extremeños jubilados o a punto de jubilares, se han unido para intentar buscar una solución a está región que para algunos está en las últimas. En el año 2014 crearon el Club Sénior de Extremadura, con la idea de utilizar lo mucho que han aprendido a lo largo de su vida para parar esta sangría. Su presidente es el periodista José Julián Barriga Bravo, que dirigió Servimedia y fue director general de Relaciones Informativas de la Presidencia del Gobierno con Adolfo Suárez. Barriga asegura que todos los que vivimos en Extremadura tenemos que hacer un modelo de progreso sin esperar la acción de los políticos. El Club Sénior tiene en la actualidad casi 200 socios, entre los que se encuentran destacados empresarios, catedráticos de universidad, ingenieros, arquitectos, periodistas, médicos… Su vicepresidente es Marcelo Muriel, exdirector de Catelsa, y en la junta directiva también están: Teresiano Rodríguez Núñez, director del Diario HOY desde 1982 a 2002; Lorenzo Jesús Blanco, presidente de la Sociedad Española de Investigación en Educación Matemática; la experta en programas europeos Rosalía GuntínCarmen Baztan, presidenta de Jarchay directora de la sección de Economía de TVEFlorentino Reinoso, exdirector general de la Caja de Ahorros de ExtremaduraPilar Pérez Breña, jefa de Virología del Centro Nacional de Microbiología del IN Carlos IIIJuan Antonio Gallardo, fundador de la Feria del Queso de Trujillo; y Francisco González Zurrón, exjefe de Relaciones Públicas de la Diputación de Badajoz.

Junta directiva del Club Sénior de Extremadura.
Junta directiva del Club Sénior de Extremadura. / S. E.

El Club, que tiene en sus estatutos la prohibición de recibir subvenciones, organiza foros en los que busca soluciones para Extremadura. Hace pocos días, el pasado mes de abril, con ediciones Beturia, ha publicado un libro impactante, que se titula : ‘A los extremeños qué nos pasa para estar donde estamos…’ Son reflexiones autocríticas de 28 miembros del Club.

En el libro se habla de las razones del retraso de Extremadura, que teniendo un territorio que equivale al 8,6% del total nacional, su población significa el 2,37% del conjunto de España, su renta per cápita y su PIB son los menores de todas las comunidades autónomas y su índice de paro, el mayor de ellas. Se habla de los males de ser tierra de frontera, alejada de centros de poder, con una distribución desigual de la propiedad de la tierra, con el mal de la Mesta, sin industria, y despoblada en donde 200 de sus 388 municipios tienen menos de 1.000 habitantes y la mitad de los extremeños viven en 15 ciudades, sufriendo en los años 60 el mal de la emigración, que según indica Juan Sánchez González, hizo que 700.000 extremeños tuvieran que abandonar la región en busca de trabajo.

Portada del libro.
Portada del libro. / HOY

Lo mejor del libro es que sus autores ofrecen soluciones. Muchos son los que señalan que es imprescindible mejorar las infraestructuras ferroviarias, alabando el que el 18 de noviembre de 2017 se lograra que 30.000 extremeños fueran a Madrid a reivindicar un tren digno.

En el artículo de Julián Mora AlisedaManuel Díaz y José Castro se lamentan de que la legislación ponga trabas a actividades que generan riqueza como el Complejo Turístico ‘Isla de Valdecañas’. Les resulta paradójico que la región con más recursos naturales, «tanto forestales, como hídricos (1/3 del agua embalsada de toda España) o agrarios, «sea incapaz de explotarlos de una manera inteligente y racional».

Los autores hablan de la necesidad de mejorar la educación, de la importancia de la Universidad, que hay que fomentar la mentalidad emprendedora, promocionar el turismo patrimonial. Javier Marcos pone como ejemplo, «el impulsar el proyecto de Plataforma Logística del Suroeste (puerto seco) o la creación de clústeres económicos competitivos (agrupación de empresas y organizaciones).

Para Ricardo Hernández Mogollón, «el dilema a resolver es claro: o desarrollo industrial o fuerte paro estructural asegurado», por eso ve conveniente tener una Consejería de Industria y Energía en la Junta de Extremadura. Habla de atraer inmigración y apoyar a emprendedores rurales.

Para Isabel Mijares, la famosa enóloga, «Extremadura debería ser conocida a nivel mundial como una región única para la producción de alimentos y bebidas de altísima calidad». Ella insiste en que hay un grave problema de comunicación y de marketing, y que hay que insistir en el marchamo ‘Alimentos de Extremadura’ . Ve necesario que existan en la región más fábricas para la transformación del producto fresco en concentrado, alabando la agilidad de las industrias queseras.

Ángel Ruiz de Gopegui.
Ángel Ruiz de Gopegui. / HOY

Lo que más puede impresionar del libro es una propuesta de Luis Ángel Ruiz de Gopegui, el experimentado compañero del Diario HOY, que fue director general de Promoción Cultural de la Junta de Extremadura. Dice que según algunos economistas Extremadura sería rica si tuviera dos o tres millones de habitantes más. Entonces propone esta solución:

«Que Extremadura se ofrezca como lugar de asilo para miles y miles de refugiados. El proyecto tendría que elevarse a la Unión Europea y al Gobierno central, tras asesoramiento de la ONUAcnur y demás organismos y oenegés especialistas en migraciones. Ofrezcamos terreno, naturaleza, y al modo mejorado de los asentamientos israelitas y los pueblos de colonización del Plan Badajoz, imaginemos espacios para que comience una nueva Extremadura». La idea recuerda a lo que con 12 años decía el hijo que ahora no tengo, el que ahora vive en Santiago de Chile, ciudad fundada en 1541 por el extremeño Pedro de Valdivia, curiosamente con el nombre de Santiago de la Nueva Extremadura.

Gopegui dice que la Nueva Extremadura hay que hacerla aquí, en la vieja Extremadura, con la ayuda de la Universidad de Extremadura. Él dice que puede parecer un sueño, «pero soñar siempre fue una tónica de los extremeños. Eso sí cambiaría de forma abrupta – y llena de dificultades – la imagen (potente, distinta) de Extremadura. Volvemos a una disyuntiva vieja: Evolución, ruptura o revolución. ¡Bendita locura!».

Hay que hacer algo para que no nos vean entonando tristes canciones de ausencias («Tengo hijos que no tengo/ porque son extremeños…»)

Hay que hacer algo… ¡pero ya!

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