LA ENDOGAMIA Y EL NEPOTISMO

(TERCER INGREDIENTE DEL RETRASO DE EXTREMADURA)

LA lucha de poder desatada en la Cámara de Comercio de Badajoz, y que de modo tan fehaciente se ha descrito en las páginas de este periódico, es para este modesto observador de la vida extremeña un excelente ejemplo del tercero de los elementos que mejor representan el estado de la Comunidad y explican su escaso desarrollo y dinamismo. Las otras dos razones que a mi juicio revelan su retraso económico, y por lo tanto social, son, en primer lugar, el lastre histórico que en todos los órdenes padece la región; en segundo lugar, la deficiente gestión política y administrativa que han realizado sus dirigentes y, en tercer lugar, y este es el motivo de este comentario, la extraordinaria endogamia que soporta la sociedad extremeña en todas sus manifestaciones. Son, pues, y probablemente por este orden, los factores retardatorios del bienestar de los extremeños que determinan que Extremadura sea la región con más paro (EPA) y con menor PIB per cápita (INE).

En resumidas cuentas, las revueltas ocurridas en la Cámara de Comercio de Badajoz para ocupar la presidencia, y la sorprendente y escandalosa apelación al poder político para que medie en un conflicto que solo atañe a la sociedad civil, tienen todos los ingredientes que definen a las sociedades primitivas, integradas por castas, bien sean políticas o familiares, que monopolizan el poder y la influencia, y en cuyo ecosistema prosperan todos los comportamientos que obstaculizan el progreso: clientelismo, tráfico de influencia, nepotismo, enchufismo, etc.

Con frecuencia, para mejor entender cualquier fenómeno público en la región es imprescindible conocer previamente el «linaje» de los protagonistas. De lo contrario, se puede errar en el diagnóstico y en la valoración de cualquier suceso. Los ejemplos son innumerables, pero el de la Cámara de Comercio de Badajoz sirve extraordinariamente para lo que el comentarista trata de reflejar: una familia que, desde tiempo inmemorial, con la anuencia del poder político, protagoniza la representación empresarial extremeña trata ahora de mantener, en tercera o cuarta generación, el feudo. Y ‘a mayor abundamiento’, a la parte que se considera perjudicada no se le ha ocurrido mejor sistema de defensa que recurrir o invocar el auxilio político de la Junta.

En tiempos hubo en Cáceres un gobernador civil que en su ancianidad escribió unas memorias políticas, cuya lectura he recomendado siempre porque describen con bastante agudeza cómo era la sociedad cacereña en aquellos años de miseria social y económica. El gobernador -lo de gobernador en aquellos tiempos era materia bien importante- nació en Noez, provincia de Toledo. Aquel buen señor, como era habitual en la época, barrió para sus lugareños hasta el extremo de que el Ministerio que durante largos años regentó era conocido como el «arca de Noez». Extremadura está llena de «arcas de Noé». En las Diputaciones, en la Junta, en toda la fauna de organismos administrativos, en los partidos políticos, en las entidades de todo signo, existen «linajes» familiares o políticos. ¡Qué decir de las antiguas Cajas de Ahorros! He contado ya el caso de aquel ejecutivo extremeño que dejó de confesarse con un determinado clérigo porque en cada confesión le acosaba con peticiones de empleo para sus deudos o familiares. O aquel individuo que todavía no se ha recuperado del aturdimiento de cuando quiso interponer un determinado asunto judicial, y tuvo que renunciar, porque en todas las instancias tenía presencia, por la vía familiar o de amistad destacada, el poder administrativo contra el que pretendía litigar. Al igual que para entender los organigramas de los partidos previamente alguien te tiene que contar las relaciones sentimentales de los protagonistas.

Son anécdotas que describen la categoría de la sociedad hegemónica extremeña. Por todo ello el que uno de los «linajes» de más dilatada e ineficiente trayectoria representativa trate de perpetuarse, no debiera sorprendernos, pero al que le suscribe le sirve para reafirmarse en su tesis de que una de las razones que mejor explican el atraso de Extremadura es la deficiente calidad de sus instituciones cívicas o ciudadanas. Se nos va el tiempo y se nos van las energías culpabilizando a los políticos de todos nuestros males bien sea arrastrados desde siglos o provocados por ellos mismos. Y, sin embargo, apenas se repara en la responsabilidad que tienen la propia sociedad y los ciudadanos. Hace unos días, en Jerez de los Caballeros, la suerte me situó junto a unos de los empresarios más notables de la Comunidad compartiendo unos «garbanzos guisados», que tan brillantemente han sido glosados en estas páginas recientemente. Fui yo quien alabó la trayectoria industrial de aquel empresario de éxito. Pero lo hice para señalar la rareza de su caso, de cómo, cuando tratamos de reseñar sucesos empresariales de relevancia, no agotamos los dedos de ambas manos. ¿Qué responsabilidad tienen las corporaciones empresariales de la región, las Coebas y las Creex, las Cámaras de Comercio, incluso los Colegios Profesionales, en el retraso económico y empresarial de la región? La preponderancia de lo público en Extremadura, la escasa y frágil sociedad civil extremeña (aquella que no se sustenta en los recursos públicos) no son más que consecuencia de ese triple legado que al principio de este comentario señalaba: lastre histórico, deficiente gestión política y sociedad endogámica.

El desarrollo y el bienestar de una sociedad se miden por la pluralidad y fortaleza de sus instituciones sociales y, en sentido contrario, el atraso secular de cualquier territorio es solo atribuible a sociedades pasivas, endogámicas, en las que los diferentes grupos organizados no asumen su propia responsabilidad en los procesos de modernización y de desarrollo. Como muy probablemente haya sucedido en los últimos cuarenta años con las corporaciones empresariales extremeñas.

JOSÉ JULIÁN BARRIGA BRAVO

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