La desertización de Extremadura se extiende del rural al urbano

abc.es (20-mayo-2018)

La desertización de Extremadura se extiende del rural al urbano y amenaza ya a las grandes ciudades

Extremadura no forma parte de la conocida como «España vacía», donde sí figuran provincias como Cuenca (con 11,73 habitantes por kilómetro cuadrado), Teruel (con 9,25) y Soria (con 8,74). La región del suroeste de España tiene una densidad poblacional de 26 hab/km2, y algo más de un millón de habitantes. No obstante, en los últimos años se ha observado un fenómeno curioso: el éxodo de población ya no es solo rural, sino que va acompañado por el creciente en los núcleos urbanos. La despoblación aquí amenaza, a pasos agigantados, a las grandes ciudades.

La voz de alarma la da un «sanedrín» de sabios muy particular. Se trata del llamado club sénior, profesionales letrados (exministros, magistrados, catedráticos, filántropos, historiadores, matemáticos…), todos ellos jubilados y representantes de la sociedad civil extremeña, que están remando desde hace años con iniciativas que fomenten el impulso económico y demográfico de su región. La mayoría, como el periodista Julián Barriga, se labraron un porvenir fuera de su tierra y, al regresar, encontraron que «algo había que hacer», por lo que fundaron este club de pensionistas que promueven debates anuales con informes concienzudos sobre la situación que atraviesa la comunidad.

Rosalía Guntín es la vicepresidenta de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y lidera el grupo de políticas sociales del club. Guntín observó cómo diez de las trece localidades de la región con más de 10.000 habitantes tienen menos población hoy que hace cinco años. Mérida, Badajoz y Cáceres han decredido unos 5.000 habitantes entre 2013 y 2016, alerta. Ha ocurrido también, aunque con menor peso poblacional, en Plasencia, Don Benito, Zafra, Almendralejo, Villanueva de la Serena, Coria, Montijo, Navalmoral de la Mata, Olivenza, Villafranca de los Barros…

Por primera vez en décadas no han crecido y eso ya es novedad, detalla Guntín. Si el mundo rural extremeño ya estaba en coma, el urbano ha entrado en barrena. Y, la razón se debe a la tasa de paro juvenil, superior al 60%, la más elevada del país. El precio del trabajo en Extremadura se desplomó un 3,8% entre 2009 y 2014 y el poder adquisitivo en un 7,8%, el más alto de España. La crisis económica ha derivado en una sangrante crisis demográfica. Los jóvenes salen de los institutos y no pasan de municipios pequeños a Mérida, Badajoz y Cáceres, como sucedía hasta hace no mucho, sino que van a estudiar y trabajar fuera. De las 632.521 personas nacidas en Extremadura en 2010, 607.927 viven hoy fuera de su tierra, desgrana Guntín, un «drama» poco reversible sin grandes remedios sobre la mesa.

El AVE como revulsivo

Extremadura no solo es la región con el PIB más bajo de España, sino que ha perdido 35.000 jóvenes activos en la última década. Al mismo tiempo, ganó 12.000 jubilados (el 20% de la población es mayor de 65 años), dedujo el club sénior que plantea, entre los revulsivos, el sempiterno debate de la conexión con la Meseta a través de la alta velocidad. La región pierde 100 millones de euros y 5.000 puestos de trabajo cada año por carecer de infraestructuras ferroviarias óptimas. Aello, opinan los veteranos extremeños, debe unirse un rosario de medidas y ayudas económicas para anclar a los jóvenes.

El fenómeno, advierten los expertos, es diferente del que padecen Galicia, Asturias y Andalucía, cuyas grandes urbes sí crecen, frente a la sangría rural, por lo que las soluciones para afrontar la desertización regional deben ser, selectivas.

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