Extremadura vista desde fuera

¿De qué nos vale ser, desde 2014, la única región española Objetivo 1 de la Unión Europea, si no convergemos con la media nacional? ¿Por qué no tenemos ninguna gran empresa o proyecto de obra acogido al Plan Juncker? ¿Carecemos de fuerza negociadora en Madrid o en Bruselas para que nos tomen en serio?

HACE unos meses, en la fiesta de antiguos colegiales en Madrid nos reuníamos un grupo de extremeños alrededor del que fue nuestro director y se me ocurrió preguntar a los presentes cómo veían nuestra región. He de aclarar que todos ellos eran personas de dilatado y prestigioso curriculum. Con palabras parecidas, unos decían que en Extremadura se vivía muy bien, muy tranquilos y todo muy barato. Otros que estaba bien pero para fines de semana o vacaciones cortas, no para trabajar ni para formar un proyecto de futuro. Para otros la situación era muy mala porque estamos en la cola de los principales indicadores económicos y por sí sola no puede salir de dicha situación, dado que las diferencias con las regiones ricas habían llegado demasiado lejos. Por último, nuestro director intervino para decirnos que éramos los extremeños los que teníamos que resolver el problema y luchar unidos como algunos amigos nuestros lo habían hecho, volviendo a su tierra y montando empresas.

Si lo traigo a colación es porque, creo, refleja los distintos modos de ver una misma realidad. Hay mucha gente que en Extremadura se encuentra a gusto, adaptados a la situación o se conforman con lo que hay. Otros son magníficos profesionales o empresarios que luchan contra las adversidades. Los que tuvimos que marcharnos a estudiar porque entonces no había Universidad o los que se han marchado después porque no encontraron trabajo, es lógico que no pensemos lo mismo que los residentes. Algunos, para demostrar nuestro interés y compromiso con Extremadura, formamos parte del Club Senior para, junto a los que tuvieron la suerte de continuar en nuestra tierra, ofrecer propuestas o ideas convencidos de que existen recursos propios para mejorar la situación.

Viajando por carretera desde Madrid, Sevilla o Salamanca hacia Extremadura se puede observar que nos cruzamos con muchos camiones cargados de ganado que con valor añadido se venden fuera como productos finales por empresarios, en general, ajenos a nuestra Comunidad. Otros van cargados con materias primas a granel o con una primera elaboración como el corcho, tabaco, lana, pieles, madera, aceites y vinos en cisternas, arroz, frutas o tomates. También vemos que adelantamos a otros transportes con productos ya manufacturados de todo tipo e incluso alimenticios, elaborados con nuestra materia prima o sus derivados. Y nos preguntamos, ¿por qué no transformamos en nuestra región casi todo ello y de este modo crearíamos mucha riqueza y muchos puestos de trabajo?

Por otra parte, vemos grandes tendidos eléctricos en dirección a Madrid y es que la producción de la nuclear de Almaraz se consume en Madrid, donde se recauda el IVA, y otros ingresos tributarios van a Bilbao donde la empresa tiene su sede fiscal. Confiamos que dentro de unos tres años se inicie el cierre de dicha central y toda su producción se sustituya por las cuatro grandes plantas fotovoltaicas que junto con otras más pequeñas están esperando la autorización y que suman unos 2.000 megawatios. Si se añaden otras centrales de energía hidroeléctrica por bombeo reversible, algunas de biomasa y algo de eólica, tendríamos unos 3.000 nuevos MW de origen renovable, de acuerdo con las exigencias del cambio climático.

Sin embargo, viajando hacia Extremadura no veo muchos autobuses de turistas. La potenciación y promoción del turismo a escala nacional e internacional seria el tercer pilar de desarrollo: uno de carácter urbano con ciudades Patrimonio de la Humanidad y cargadas de historia, monumentos y rica gastronomía. Otro de carácter rural, de naturaleza, belleza paisajística, grandes embalses, con dos Reservas de la Biosfera y otra pendiente de serlo, que es la extensa y singular comarca de la Siberia, buena parte de ella declarada Red Natura. Nos gustaría que lo consiguiese, pero siempre que fuera compatible con el desarrollo sostenible y no provocara más emigración, como sucede con el mal entendido proteccionismo ambiental. La dialéctica persona o aves y medio ambiente, con inteligencia no debe ni plantearse. Aquí caben varias alternativas: bien se interpreta de forma flexible y con sentido común su regulación, bien ésta se modifica, bien se revisa la delimitación de la Red que abarca más del 30% del territorio.

Por ello, Extremadura tiene una dificultad añadida para su desarrollo. A título de ejemplos, se relacionan algunas obras y proyectos con problemas derivados de dicha Red y de las famosas declaraciones de impacto ambiental (DIA) que, a veces, una y otra carecen de fundamento. Son estos: 1) Urbanización Isla de Valdecañas, ejecutada en un 80% y pendiente de Informe si se derriba o no. 2) Autovía o mejora de la carretera Badajoz-Cáceres, con elevado sobrecoste por la DIA. 3) Mina de Aguablanca, pendiente de más documentación para la DIA. 4) Ampliación de los regadíos en Alcollarín y otros. 5) Diversas plantas fotovoltaicas, la última la de Calzadilla. Y sin embargo, el almacén nuclear de Almaraz tiene luz verde.

¿De qué nos vale ser, desde 2014, la única región española Objetivo 1 de la Unión Europea, si no convergemos con la media nacional? ¿Por qué no tenemos ninguna gran empresa o proyecto de obra acogido al Plan Juncker? ¿Carecemos de fuerza negociadora en Madrid o en Bruselas para que nos tomen en serio? Hagamos todos unidos un esfuerzo y pensando más en el interés común y menos en partidismos; planteemos con buenos argumentos nuestras necesidades y posibilidades para conseguir incentivos suficientes que permitan la instalación de empresas en la región, que es lo que crea riqueza y empleo.

 

PEDRO MARTIN RUIZ, miembro Del Club Senior de Extremadura

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