El fracaso del ferrocarril en Extremadura

En el futuro uno de los efectos más positivos que pudiera producir la polémica suscitada por el proyecto de enlace ferroviario entre Madrid y Lisboa a través de Salamanca tal vez sea la existencia del propio debate: el hecho de que una gran parte de la ciudadanía haya tomado conciencia de la importancia que las infraestructuras y las comunicaciones tienen para el futuro de la región. Y, sin embargo, junto a esta consideración positiva, están aflorando aspectos que denotan la pervivencia de comportamientos y actitudes que en buena parte son responsables del deplorable aislamiento ferroviario en el que se encuentra nuestra Comunidad Autónoma.

Desde el Club Senior de Extremadura, integrado por profesionales de muy dilatada trayectoria profesional, hemos creído oportuno terciar en esta polémica con algunas consideraciones que compartimos a pesar de la diversidad social e ideológica de sus miembros.

La primera, y no es ninguna novedad el caso que nos ocupa, es la ausencia casi absoluta de un debate técnico y profesional que dote de solvencia y garantía a la confusa polémica política en la que transcurren los proyectos sobre el desarrollo del ferrocarril en Extremadura. En nuestra comunidad existen Colegios Profesionales, Facultades y Escuelas Técnicas, organizaciones profesionales y patronales que debieran alzar su voz para contrarrestar o centrar el debate sobre las infraestructuras en Extremadura por encima de los intereses de partido o de grupo. Cualquier persona que examinara con objetividad y con neutralidad el itinerario dialéctico que el ferrocarril, y muy particularmente el AVE, ha tenido en nuestra región durante los últimos quince años se asombraría ante el cúmulo de despropósitos y falacias en las que se ha incurrido con total irresponsabilidad.

En segundo lugar, debemos señalar el riesgo de que la indudable frustración que la modernización de las infraestructuras ferroviarias ha provocado sirva de munición en las luchas de partido de las dos fuerzas políticas dominantes en la región. En cualquier caso, las incertidumbres sobre el futuro del ferrocarril en Extremadura confirmarían el fracaso de los gobiernos, tanto del PSOE como el del PP, obsesionados en reclamar soluciones que muy probablemente no son las mejores o, al menos, no han contado con el suficiente bagaje técnico. Una vez que los gobiernos de Lisboa mostraron su firme decisión de paralizar los proyectos de alta velocidad, hubiera sido el momento más adecuado para negociar como contrapartida soluciones definitivas para el transporte ferroviario de Extremadura, que indudablemente no pasan por modelos faraónicos y económicamente insostenibles. La falta de realismo, la sobreactuación reivindicativa, no son en modo alguno el mejor aval para que Extremadura cuente con infraestructuras ferroviarias acordes con sus necesidades reales y no con ensoñaciones producidas por un complejo de inferioridad incompatible con el desarrollo que Extremadura necesita. Cuando el debate sobre una materia técnica y económica tan compleja como son las infraestructuras ferroviarias se sustenta en consideraciones emocionales o en razones de oportunidad partidista, el desenlace es el previsible: la práctica desaparición del ferrocarril en Extremadura. El discurso reivindicativo del actual presidente de los extremeños, el socialista Fernández Vara, no es muy diferente a aquel brote de reivindicación ferroviaria que protagonizó en 2014 el presidente popular Monago, en su célebre intervención sobre la pervivencia de las traviesas que inauguraron el ferrocarril en Extremadura.

¿Quiénes son los culpables? ¿Los gobiernos de Madrid que no atienden los «legítimos intereses de Extremadura»? ¿La Junta de Castilla y León, dispuesta a llevarse a su territorio la conexión más directa entre Lisboa/Oporto y Madrid? ¿Los gobiernos de Lisboa empeñados en aplicar criterios de austeridad para inversiones no prioritarias? ¿Por qué no nos preguntamos con valentía y sinceridad qué nivel de responsabilidad nos corresponde a los extremeños y muy particularmente a sus gobernantes, incapaces de solucionar el gravísimo problema de las infraestructuras ferroviarias? Lo peor que podría suceder, ahora que de nuevo el problema ferroviario percute en las conciencias ciudadanas, es que el tren, ese tren extremeño que apenas si existe, se convierta en una especie de mantra, con el que los políticos en el poder o en la oposición traten de conjurar la frustración de la sociedad. En el imaginario del anterior presidente, la traviesa de Ribera de Usagre vino a representar el símbolo del «abandono secular», una frase que a la altura del siglo XXI apenas logra encubrir los fracasos de gestión de los gobernantes. Para Fernández Vara el proyecto del itinerario Madrid-Lisboa por Salamanca amenaza con convertirse en la ofensa que Rajoy está dispuesto a perpetrar contra Extremadura. Pero ni uno ni otro se atreven a reconocer que el atraso ferroviario es fruto principal de la incapacidad de los gobiernos extremeños que, en épocas de bonanza o en tiempos de austeridad, no han sabido resolver el gravísimo problema de las infraestructuras ferroviarias. La cuestión más grave es que, cuando el nuevo ferrocarril llegue, llegará tarde, no sólo con retraso, y, entre tanto, estarán en riesgo las expectativas de desarrollo económico, entre ellas, y muy particularmente, la plataforma logística de Badajoz.

Existen dos formas de afrontar el futuro. Una de ellas, absolutamente ineficiente: refugiarse en el lamento y la autoflagelación. Nosotros creemos que el futuro no solo del ferrocarril, sino del desarrollo de Extremadura, depende de la participación activa de la sociedad civil en el debate y en el diseño de soluciones para los gravísimos problemas sociales y económicos que afectan a nuestra comunidad. Probablemente en el diseño del ferrocarril del futuro habrá que introducir nuevos elementos de reflexión basados en razones técnicas y económicas solventes, entre las que no pueden faltar las consideraciones internacionales y muy especialmente el respeto a los intereses de Portugal. Pero no es que el tiempo apremie; es que, como siempre, Extremadura llega tarde, como los viejos trenes de nuestra infancia.

CLUB SENIOR DE EXTREMADURA José Julián Barriga Bravo, Juan Serna Martín, Marcelo Muriel Fernández, Francisco González Zurrón, José Antonio Gallardo, Pilar Pérez Breña, Florentino Reinoso González, Carmen Baztán Larrimbe, y Valeriano Ruiz Hernández

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