Ciencia y Tecnología

En lugar de invertir millones de euros en construir redes para seguir alimentando el crecimiento asimétrico, que se reduzca el precio de la electricidad consumida en las proximidades de su generación. En lugar de priorizar de nuevo a las regiones ricas, que se lleve la banda ancha a las zonas que se están quedando vacías para atraer población. Que se fomente el autoconsumo industrial con ayudas para que la energía sea mas económica donde se genera.


La invasión de los suelos extremeños por plantas fotovoltaicas puede convertirse en la tercera colonización energética que vivimos en Extremadura. La primera de ellas, en los años 60, fue la construcción de los pantanos, sobre todo los de la cuenca del Tajo, que fueron diseñados esencialmente para la producción de energía eléctrica. Se inundaron valles, algunos pueblos tuvieron que ser abandonados, todo ello para generar la energía eléctrica cuya demanda subía a lomos de la creciente industrialización del norte de España. Iberduero, empresa eminentemente vasca, lideró aquel proceso, y su presidente Iñigo Oriol se instaló en Extremadura comprando una hermosa finca en la provincia de Cáceres. Puede asegurarse que Iberduero se convierte en el principal beneficiado de esta primera colonización energética. Mientras que Extremadura cedía sus cuencas y riberas para esta generación hidroeléctrica, el Instituto Nacional de Industria realizaba gran parte de sus inversiones para potenciar el tejido industrial de Cataluña y las provincias vascongadas; se implanta Seat en Barcelona, se crea el polo químico de Tarragona, y se potencian la industria de acero y los astilleros de Vizcaya, etc. Como consecuencia de estas políticas, los extremeños tuvieron que salir detrás de los kilovatios a encontrar empleo en aquellas regiones.

Llegó la década de los 70 y vivimos la segunda colonización energética, la nuclear. La creciente demanda de Madrid y las regiones industrializadas requería una mayor generación de energía eléctrica. En este caso se acude a la construcción de centrales nucleares, y nuevamente Extremadura es elegida para instalar una parte importante de esas nuevas fuentes de generación de electricidad; primero sería la central nuclear de Almaraz en 1973, la mayor de España con sus dos reactores de 1.050 MW. Dos años después, en 1975, se inician las obras del segundo proyecto nuclear en las proximidades de Valdecaballeros para ubicar dos reactores de 950 MW. La fuerte oposición del pueblo extremeño obligó a abandonar este proyecto cuando ya esta ejecutado un 65%. Todos los extremeños hemos pagado los 2.000 millones de euros de aquella decisión en el recibo de la luz a través del recargo por la moratoria nuclear.

Si Extremadura produce 4,2 veces la energía eléctrica que consume, con Valdecaballeros habríamos generado 8 veces nuestras necesidades, siendo la comunidad con mayor superávit energético de España. En este medio siglo transcurrido ha quedado claro que ni la primera ni la segunda colonización energética han supuesto el despegue industrial y de empleo de Extremadura que en justicia debiera haberse producido.

Llegamos al siglo XXI, y nos hemos lanzado abiertamente a ser nuevamente líderes españoles en generación de electricidad con fuentes renovables. Está prevista la construcción de nuevas plantas fotovoltáicas con una potencia instalada de 10.000 MW, cinco veces Almaraz. De nuevo tenemos al presidente de la actual Iberdrola frecuentando nuestra tierra y anunciando que invertirá en Extremadura una ingente cantidad de dinero, pero la pregunta clave es: ¿servirá el ceder miles de hectáreas del suelo extremeño en esta tercera colonización energética para sacarnos de una vez del furgón de cola? ¿Vendrán las inversiones industriales a implantarse junto a las fuentes de generación de la energía que tanto necesitan?

Geografía y Medio Ambiente

Decía Delibes que «el campo es una de las pocas oportunidades que aún restan para huir». Así que yo, disciplinada criatura, preparé a tiempo el petate y algunas horas después del alba, salí a escape huyendo de las bubucelas, pitos, tambores, fastos, botellones y algarabías carnavaleras para refugiarme en el campo siguiendo al pie de la letra los sabios consejos de don Miguel. Que vuesas mercedes disfruten en paz y gracia del carnaval, y hasta de doña cuaresma si fuera menester, que un servidor poniendo tierra de por medio y evitando la ocasión, evita el peligro y en la penitencia de estas soledades rayanas os encomendará en mis santas preces. Amén. Y hete aquí que en llegando casi a mi destino levanté una airosa pareja de perdiz roja, de esas que ahora andan machihembrando por estos campos y no pude menos que añorar los años en que –¡ay mísero de mí!– las cazaba inmisericorde. No sé si atreverme a comentárselo, don Miguel, no es mi intención conturbar su serena visión del Altísimo por las umbrías celestes, pero en esta nuestra Castilla que «si tiene el cielo tan alto es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo», y en artera maniobra secundada por alguna ilustrísima togada, los animalistas han conseguido, a la sazón, prohibir la caza. Sí, don Miguel, también la de la perdiz roja ¡válgame el cielo!

Y es que las cosas andan por aquí revueltas, don Miguel. Los campesiños de Galicia protestan desesperados porque los jabalíes les destrozan sus maizales y hasta se adentran descaradamente en pueblos y ciudades. Los lobos han vuelto a las andadas y atacan otra vez a los rebaños sabiéndose impunes. El equilibrio se resquebraja. Y los ‘animalistas’ andan todo el día peleando y en su ignorancia culpable atacando a los cazadores, y a la caza, sin enterarse de que, gracias a ellos, el equilibrio ecológico nos permite vivir sin sobresaltos. Usted, don Miguel, que declaró: «No soy un escritor que caza, sino un cazador que escribe… Soy un ecologista que escribe y caza», entenderá bien el disparate de los que so pretexto de conservar la naturaleza la están llevando al desastre. Juegan a ecologistas pensando que el asunto consiste en disfrazarse de anti-sistema y oponerse a todo.

Siempre. Sea lo que sea. Excepto a trincar las subvenciones, que eso es cosa seria porque en España, admirado Delibes, no hay en estos momentos disparate alguno que no sea subvencionable. Y al socaire de ideas respetables como la defensa de la naturaleza y el hacer un futuro ecológicamente sostenible, se han convertido en verdaderos depredadores, inutilidades subvencionadas frenando cualquier atisbo de progreso. Y así, en nuestra ‘Extremadura de Castilla’, los sacerdotes de la mística pseudo-ecologista se han convertido en un peligroso cáncer enemigos de todo progreso.

Y lo peor es que hay jueces –los dioses me libren de referirme a ninguno en particular– que siguen haciendo «la justicia que complace al príncipe». Y resulta que ‘el príncipe’ es su propia ideología, que prevalece en autos y sentencias por encima de la justa aplicación de la ley. Y eso Don Miguel, sí que es fascismo. Del peor.

ALFREDO LIÑÁN CORROCHANO

Economía/Social

La pasada semana se celebró en La Económica un debate sobre la sentencia del derribo de la Isla de Valdecañas. En ella participaron juristas, expertos biólogos y los promotores del proyecto. Ni soy jurista, ni biólogo ni tengo nada que ver con los inversores. Soy un mero ciudadano que ve con asombro e indignación que proyectos que pueden cambiar la secular pobreza de Extremadura tengan tan difícil cabida en esta región.

Seguramente hay razones jurídicas, biológicas e ideológicas para derribarlos, pero también hay, y muchas, razones jurídicas, biológicas e ideológicas para mantenerlo y promover muchos más proyectos de esta naturaleza en Extremadura.

«Summum ius, summa iniuria», sumo derecho, suma injusticia. Salta a los ojos de la razón del común de los mortales que la pena es absolutamente desproporcionada. En la mesa se justificó, que se había declarado zona ZEPA –Zona de especial protección de aves– a prisas y corriendo, pues la UE nos exigía que si queríamos tener subvenciones europeas, deberíamos ampliar nuestras ZEPA. Que quien paga manda. ¿No nos estarán de nuevo condenando a una pobreza perpetua nuestra dependencia de las subvenciones?. En Extremadura hay una industria de la búsqueda y captura de la subvención que incentiva la existencia, persistencia, demanda y dependencia. La Isla de Valdecañas se declaró zona ZEPA para poder Extremadura seguir subvencionada. Así de claro, y después un juez considera que donde hay una ZEPA no puede haber desarrollo urbanístico.

Sobre la mejora o deterioro medioambiental y de la diversidad biológica no hay duda que ha mejorado. No lo entiendo. Me resulta indignante. Y aunque ya estaba más que trillado este tema, yo quería también pronunciarme. Derribarlo sería intolerable y un nuevo freno al desarrollo de la región.

Antonio Garcia Salas

Ferrocarril en Extremadura

El tren en Extremadura y el Club Sénior


Se ha escrito tanto y con tanta reiteración sobre las obras el ferrocarril de Extremadura que probablemente esté saturada la lógica curiosidad de los lectores. Y, sin embargo, todavía hay algunas cuestiones que necesitan aclaración o concreción y a las que hay que responder con la máxima objetividad y sinceridad. La búsqueda de respuestas a esas preguntas es el objetivo que nos hemos marcado un equipo de ingenieros del Club Sénior de Extremadura mediante la elaboración periódica de informes técnicos de seguimiento de los proyectos y obras del ferrocarril Badajoz-Madrid. El tercero de esos informes fue presentado el pasado 30 de octubre.

En principio, es de justicia reconocer que la tan deseada modernización de las estructuras ferroviarias de Extremadura ha contado con un notable impulso de los dos últimos titulares del Ministerio de Fomento. Pero ese impulso solamente ha paliado las últimas consecuencias de la desastrosa programación y gestión de todo el proceso de desarrollo de la nueva infraestructura, en el que se ha dejado prescribir una declaración de impacto ambiental, se han anulado una decena de proyectos de construcción, se ha permitido retrasar varios años el comienzo de algunas obras, se han rescindido contratos y se ha cambiado de criterio de diseño en múltiples ocasiones. Todos esos desajustes y negligencias han provocado la indignación y el hastío de los ciudadanos.

¿Qué clase de ferrocarril tendremos los extremeños? ¿Cuándo estará disponible ese nuevo tren de altas prestaciones? Estas son las dos cuestiones que, imagino, preocupan e interesan a todos. Y para colaborar a evitar nuevas dilaciones y frustraciones, es por lo que expertos del Club Senior venimos trabajando con total desinterés y con la máxima objetividad profesional desde hace casi dos años.

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Ferrocarril en Extremadura

Un informe del Club Senior pone de manifiesto retrasos, especialmente en los tramos más próximos a Plasencia. Hablamos con Norberto Díez González, Coordinador de Infraestructura del Club Senior: “Todos los tramos entre Badajoz y Plasencia están terminados o en obras pero será complicado que se puedan cumplir los plazos para la entrada en servicio del tren rápido”.