Geografía y Medio Ambiente

Téngase en cuenta que una de las especies más amenazadas en nuestra región es el habitante del mundo rural, el ‘extremeño de pueblo’.

En Extremadura estamos más que habituados a estampas como las de nidos de cigüeñas o colonias de cernícalos en campanarios y torres de nuestros pueblos o ciudades. Esta imagen, para nosotros normal, resulta sorpresiva para muchos de los que nos visitan. No reparamos, por tanto, en cómo hemos logrado ese equilibrio con el resto de seres vivos del mismo hábitat, una armonía basada en muchos siglos de cohabitación. Sin embargo, ahora parece que hay grupos, urbanitas en su mayoría, empeñados en romper esa coexistencia, ese equilibrio, sin medir las consecuencias –en cuanto a sostenibilidad, desarrollo, empleo y fijación de población– que supone el que sepamos, desde hace muchísimos años, convivir con la naturaleza e integrarla en nuestra actividad. A cambio, estos lobbys proponen un modelo que reproduce un fantasioso paraíso previo a la creación de Adán, donde éste no tiene cabida. El ejemplo más reciente lo tenemos en Valdecañas.

Un posible error administrativo (que deberán compensar, en su caso, el o los responsables) le sirve al lobby para montar una cruzada inspirada en el ecologismo integrista, prefiriendo una escombrera a un paraje residencial donde se han de respetar y hacer respetar las prescripciones de rehabilitación natural. Poco les importa el coste en términos de despoblación (los pueblos de la zona remontan la sangría demográfica), bienestar (la demanda de servicios y su cobertura ha aumentado), o empleo (las actividades auxiliares están generando puestos de trabajo), por citar solo algunos parámetros. Tampoco parece importarles la contradicción que enreda su propia retórica: se aferran a una nostalgia de ‘paraíso perdido’ (en realidad, eucaliptos y pastos) sin caer, o sin querer caer, en la cuenta de que esta descripción debilita su argumento: Valdecañas es un paraje artificial, creado por el hombre con una actuación muy agresiva que inundó nada menos que 7.300 hectáreas. Si se había convertido años después en un supuesto paraíso, ¿qué no ocurrirá con una acción como la de ahora, menos agresiva y más exigente en términos de restauración ambiental? El propio informe del CSIC, básico para la decisión del TSJEX, reconoce que el paraje «no destacaba por su calidad ambiental» antes de la acción urbanizadora. Eso sí, pese a la evidencia de que la biodiversidad puede recuperarse y que, de hecho, ya campan allí a sus anchas especies como el milano real y el milano negro, el CSIC se permite aventurar que si todo se derriba «a largo plazo» podría recuperarse (¿y si no se derriba? Pues posiblemente también, ya lo hizo, recordemos, cuando se construyó la presa). No debemos olvidar tampoco el informe del Consejo Económico y Social de Extremadura: derribar Isla de Valdecañas no generará ningún beneficio ambiental, y sí graves daños económicos y sociales. Recuerda esta entidad que toda actuación humana tiene efecto en el ecosistema, hasta el punto de que puede afirmarse que el paisaje extremeño es «fruto de la interacción humana con el medio, no un ecosistema primigenio». Las consideraciones aquí expuestas cuentan con otro pilar, nada menos que firmado por José Carlos Escudero, catedrático emérito de Ecología y de Evaluación de Impactos Ambientales de la Universidad de Extremadura, quien en un reciente artículo en HOY (publicado el 26/8/2019) apuntaba: «… Las zepas, y si algunas actuaciones en ellas se califican como impactos, encontramos que, al igual que ocurre con tantas cosas, tienen su lado bueno y el malo, y en este último grupo se pueden incluir los manejos que de las posibilidades legales se están haciendo. En la actualidad, los poderes políticos y los grupos sociales conservacionistas están utilizando los conceptos de zepa y con ellos los de impactos, ofreciéndolos como conservación –que dicho así suele convencer al público–, para poder jugar a la consecución de intereses partidistas o grupales».

De eso se trata en gran medida, de grupos particulares que buscan intereses propios, frente al interés general. Y la responsabilidad de los poderes públicos, de todos, no es dar la razón al que más grita, sino actuar con perspectiva general. Téngase en cuenta que una de las especies más amenazadas en nuestra región es el habitante del mundo rural, el ‘extremeño de pueblo’, como se recoge tozudamente padrón tras padrón poblacional. Aquí no están en juego unos cuantos chalés; aquí está en juego un modelo de desarrollo sostenible frente a posturas extremas que no conciben que pueden compatibilizarse usos, que el ser humano es parte del equilibrio ecológico, y que su extinción en las zonas rurales degradaría el medio ambiente. Por decirlo gráficamente: mientras la mayoría propugna un modelo de desarrollo sostenible, con impactos asumibles y que permita el desarrollo y bienestar de todos los ciudadanos y la fijación de población, otros pretenden una suerte de ‘reserva india’ donde la actividad económica posible se limite a vender baratijas a quienes vengan a contemplar nuestra flora y nuestra fauna. No, aquí no se juega el derribo de unos chalés, se juega el futuro de un modelo. Dígame, ¿quién va a invertir en Extremadura si pende la espada de Damocles de que años después de haber realizado la inversión, por obra y gracia de una tutela judicial tardía, todo aquello puede ser derribado y enterrado?

FRANCISCO JAVIER PEINADO  

SECRETARIO GENERAL DE LA CREEX
Ciencia y Tecnología

Por Valeriano Ruiz Hernández

Reducir al 50 por ciento el consumo de combustible en los coches y de energía en las viviendas es 25 veces más eficiente que la reducción, en el mismo porcentaje, de la ingesta de carne y leche.

Hace tiempo que tengo claro el tema del cambio climático y, en particular, lo que hay que hacer para frenarlo. Para mí –como para otras muchas personas- está claro que el aumento de Gases de Efecto Invernadero (GEI) es el origen del Cambio Climático. También está demostrado que la mayor cantidad de ese incremento de GEI en la atmósfera proviene de la quema de combustibles fósiles en el sistema energético mundial.

Por otro lado, las plantas en el suelo terrestre y la capacidad de absorción de los océanos permiten reducir esos GEI. Es evidente, por tanto, que para frenar el cambio climático hay que reducir drásticamente las combustiones de sustancias con carbono en su composición (combustibles fósiles), aumentar las extensiones de bosques y demás plantas verdes en el suelo terrestre y facilitar la absorción del CO2 en los océanos. Frente a esto que es tan claro y rotundo, el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) ha sacado -a principios de este mes de agosto- un documento “el cambio climático y la Tierra”, que está originando una gran confusión dando a entender que en pro de esta causa hay que reducir el consumo de carne de vaca, leche y huevos. La sorpresa que me han causado tales afirmaciones, me ha llevado a meterme de nuevo en el asunto, y he encontrado tal lío de cifras y tal falta de concreción en ese informe y en los datos que proporciona el IPCC y la FAO, que he tenido que recurrir además a las informaciones que proporciona el Ministerio español de transición ecológica para hacerme una idea clara y contundente a escala nacional.

Teniendo en cuenta la dificultad de abarcar el asunto a nivel mundial, me voy a centrar en España y en los españoles. Me propongo además, para todo aquel que quiera contribuir desde su acción particular, decirles lo que pueden hacer ellos por sí mismos, sin tener en cuenta a nadie, nada más que a su propio criterio.Eso sí, siendo consciente de que nuestra cuota de responsabilidad (la de los españoles) no es de las más altas ni que lo que hagamos va a resolver el problema global. Pero, por lo menos, creo que es bueno que tengamos una idea de lo que se puede hacer. Pero no a nivel general ni teórico sino con acciones y resultados concretos que contribuyan a frenar el Cambio Climático, para mí el problema más grave que tiene la humanidad.

Situación en España
Según las estadísticas del Ministerio español de Transición Ecológica las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI en adelante) en España, se reparten, por sectores de la manera siguiente: Energía (transporte y generación de electricidad y calor), 252,413 MtCO2, Industria, 27,284 MtCO2 Total agricultura, 39,544 MtCO2, Fermentación entérica, 17,194 MtCO2Manejo del estiércol, 9,179 MtCO2Manejo del suelo, 12,175 MtCO2Residuos, 13,6 MtCO2TOTAL BRUTO, 332,842 MtCO2. Absorciones por uso y cambios de uso del suelo (LULUCF), -37,743 MtCO2 TOTAL NETO (bruto menos absorciones), 295,1 MtCO2.

De esos datos, es evidente que todo lo que implica transformaciones de energía supone unas emisiones conjuntas muy elevadas (85,5 % de las emisiones netas); si le añadimos las emisiones achacables a la industria, llegamos al 94,7 % de las emisiones netas. Me parece que ese es el resultado más importante de todos y en el que voy a centrar las actuaciones que tendríamos que hacer los españoles si queremos contribuir a la reducción de emisiones.Un aspecto adicional destacable de los datos anteriores es que la agricultura y la ganadería son responsables solo del 13,4 % de las emisiones netas (con 39,544 MtCO2). El informe del IPCC se centra –a nivel mundial- en ese 13,4 % de las emisiones netas que no son despreciables pero ya veremos que se compensan en este sector primario con las absorciones por los bosques, árboles frutales y demás vegetación.En efecto, por el lado de las absorciones, las 37,743 MtCO2 que se producen por parte de la vegetación en España (LULUCF en la nomenclatura del IPCC) (12,8 % de las emisiones netas) tampoco podemos despreciarlas y, en sentido positivo, es la otra parte de la acción en la que deberíamos poner más énfasis.

En definitiva, la gran responsabilidad de las emisiones de GEI en España es del sector energético (electricidad y combustibles) y de la industria y la disminución de las mismas se realiza gracias a los bosques y demás vegetación.

La respuesta general a la pregunta qué podemos hacer de ¿qué puedo hacer yo?, es evidente:Disminuir las emisiones del sector energético y de la industria. Todo lo demás es distraer la intención de lo fundamental. En concreto las emisiones por fermentación entérica de los rumiantes solo representan el 5,8 % de las emisiones netas por lo que las actuaciones en esos sectores, aun no siendo despreciables, tienen una capacidad muy reducida de mitigación.Aumentar la cantidad de árboles y de toda la vegetación. “Lo” de plantar un árbol cobra aquí mucho sentido. En concreto, si cada español plantara un árbol reduciremos las emisiones en aproximadamente 1,877 MtCO2 al año cuando alcanzaran su tamaño adulto (10 años). No está mal. Un 6,4 % de las emisiones netas actuales. Valdría la pena.Como nota curiosa para muchos, en España tenemos del orden de 7000 millones de árboles (IFN3; Inventario Forestal Nacional) y según expertos del INIA (Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria) acumulan al día de hoy 3.310 MtCO2, 10 veces más que las emisiones anuales de toda España. Es un auténtico tesoro ambiental que tenemos los españoles y con poco esfuerzo nos podemos hacer idea del grave problema que suponen los incendios forestales dilapidando ese tesoro. El informe “El cambio climático y la tierra” del IPCC hace un análisis muy detallado de las interacciones entre las actividades del ser humano y el cambio climático y quiero destacar una frase que me parece especialmente significativa del comunicado de prensa correspondiente: “La tierra es un recurso decisivo, según un informe del IPCC se encuentra sujeta a la presión del ser humano y del cambio climático, pero es parte de la solución”.Yo hubiera empezado diciendo que es el origen del problema, especialmente debido a las actividades humanas al margen de la naturaleza. De hecho coincido sustancialmente con el trasfondo del informe que trata del uso del suelo y destaca que si el sector agrario no destruyera los bosques (incendios intencionados y otras actividades igualmente destructivas) estaría más equilibrado.Tengo un ejemplo claro en las dehesas de mi tierra, Extremadura, que dan lugar a un sistema equilibrado desde todos los puntos de vista. Por el contrario es el sector terciario, (industria, transporte, servicios) el que provoca las distorsiones más importantes. Lo malo es que no se le pone freno a estas actividades, más bien se acentúan.

Consumos de energía en el hogar

Si queremos entrar en propuestas concretas, una vez conocido lo global voy a entrar ahora en aquella parte de las emisiones de las cuales somos responsables directos, sobre todo en nuestras viviendas y en nuestros vehículos de transporte personal. Tomando datos del Instituto para Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) un español medio tiene los siguientes consumos de energía en su hogar:

  • Electricidad: 3487 kWh/año = 3 tep al año.
  • Total en toda España, 60,188 TWh = 5,159 Mtep.

Aproximadamente el sector doméstico supone el 20 % de toda la electricidad que se utiliza en España. Emisiones de GEI de esa electricidad, 15,047 MtCO2 (a razón de 250 gCO2/kWh; dato de REE 2018). Dado que en España hay 17199630 hogares (IDAE) un hogar medio da lugar a la emisión de 874,4 kgCO2/año por su utilización de la electricidad.

  • Combustibles fósiles, directamente utilizados en el hogar.
  • Carbón, muy poco, 15 ktep. A razón de 4,23 tCO2/tep = 63,425 ktCO2. En realidad el carbón se utiliza mayoritariamente en la generación de electricidad; luego es en ese sector en el que se contabiliza en su mayor parte.
  • GLP (butano y propano), 1032 ktep x 2,72 tCO2/tep = 2807,04 ktCO2Gasóleo, 2216 ktep y 3,06 tCO2/tep = 6780,96 ktCO2Gas natural, 2260 ktep x 2,34 tCO2/tep = 5288,4 ktCO2.
  • Total combustibles, 5523 ktep; emisiones, 14,940 MtCO2/año en el total de España.

Por hogar, 868,86 kgCO2/año.

Es curioso que dan prácticamente las mismas cantidades de emisiones el apartado de electricidad y el de combustibles.

En total, las emisiones de CO2 equivalente por hogar español, son 1743,26 kgCO2 que sumadas a los 996 kgCO2 que emiten sus habitantes (2,7288) al respirar (1 kgCO2 al día) resultan 2739,26 kgCO2 cada año. El total de los españoles respondemos, por tanto, directamente en nuestros hogares, de 47,114 MtCO2 (16 % de todas las emisiones netas de nuestro país).Claro que a esto habría que sumar las emisiones correspondientes a la comida y bebida (incluida el agua), a la ropa, a la eliminación de los residuos de todo tipo, al lavado de la ropa y de la vajilla (detergente y agua porque la electricidad y los combustibles ya están contabilizados). Si tengo algo de tiempo voy a ver si soy capaz de calcular alguno de estos componentes.

Veamos ahora el vehículo de transporte personal (automóvil).Según el IDAE, los 24 millones (24074151 el año 2018 según la DGT) de turismos que hay en circulación en España consumen 5092 kt de gasolina (2,9 tCO2/tep) al año que dan lugar a 14,791 MtCO2 y23559 kt de gasóleo (3,06 tCO2/tep) originando 72,09 MtCO2 en ese mismo año con lo cual los turismos españoles emiten del orden de 86,882 MtCO2 (29,44 % de las emisiones netas totales). Si contabilizáramos las motos, los autobuses, los trenes, etc. tendríamos una mayor aproximación pero mi objetivo en este modesto artículo se refiere solo a los turismos.Si divido por el número de españoles (46934632 millones; datos INE de 1 de enero de 2019) resulta que entre el consumo de energía en los hogares y los automóviles personales, los casi 47 millones de españoles somos responsables directos de 134 MtCO2 cada año (45,4 % de las emisiones netas).En lo concreto, y con esos datos ¿qué puede hacer un español medio para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero?

Es evidente con los datos anteriores:

  • Los automóviles son responsables de casi un 30 % de las emisiones por lo que está claro que es en ese sector donde hay que poner el mayor énfasis. No es fácil disminuir el número de vehículos (del orden de 24 millones) pero ya se vislumbra (se habla y escribe mucho) del cambio a vehículos eléctricos y no solo coches tal como los entendemos ahora mismo. Yo observo el auge de la bicicleta que me parece la mejor solución en ciudades y también la irrupción de patinetes, bicicletas y motos eléctricos que supondrían una importante solución; sobre todos si se cargan con electricidad procedente de fuentes energéticas renovables.
  • En el ámbito del hogar, ya se ve por los datos anteriores que la electricidad supone un poco más de la mitad de las emisiones debidas al consumo de energía por lo que habría empezar por ahí y también aquí hay una buena expectativa con el fomento del autoconsumo fotovoltaico que podría reducir a la mitad el consumo de electricidad del sistema eléctrico general y, por tanto, las emisiones. Es obvio que el aumento de la eficiencia del consumo ayudaría.
  • Por el lado de los combustibles los datos nos dicen que el gasóleo y el gas natural son los principales responsables de las emisiones y del consumo. Dado que en ambos casos se utilizan mucho para calefacción la solución es sencilla: sustituir esos combustibles por biomasa y, mejor aún, por energía solar térmica de media y baja temperatura en hibridación con biomasa. O por fotovoltaica y bomba de calor reversible.

No me gusta hacer adivinanzas pero sigo siendo optimista y mi intuición me dice que en España iremos por ahí y, en poco tiempo, podremos conseguir una disminución significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La ganadería y la agricultura. (13,4 % de las emisiones netas).

Analicemos ahora la importancia de la agricultura y la ganadería en las emisiones de gases de efecto invernadero. Especialmente la ganadería que es el sector en el que la FAO y el reciente informe del IPCC parece que ponen el énfasis para la reducción de las emisiones. Comparemos después esas emisiones con las producidas directamente por los seres humanos de las que somos responsables y veamos hasta qué punto dejar de comer carne, leche y huevos puede ayudar a resolver el problema del cambio climático. Sobre todo me ocupo del ganado rumiante (vacas, ovejas y cabras) que en España, en el año 2016 eran algo más de 25 millones de cabezas en total que emitieron (según el inventario del ministerio de Transición Ecológica) 17,195 MtCO2 el año 2017; es decir que cada cabeza de ganado sin especificar especie es responsable de emitir 0,673 tCO2 al año.

Empecemos por las vacas. Emisión de metano por la llamada fermentación entérica de las vacas, sobre 110 kgCH4/cabeza/año equivalentes a 2310 kg de CO2 equivalente/cabeza.año. Dato también extraído del informe del ministerio ya citado.

En 2017 había 6254485 cabezas de ganado vacuno cuyas emisiones totales serían de 688 kt de CH4 = 14448 ktCO2=14,448 MtCO2 al año; un 4,9 % de las emisiones netas en España.

Con este resultado ya tenemos un primer indicio de que reducir el número de vacas no va a ser una solución al problema. Solo respirando los españoles emitimos más (somos más seres humanos en España que vacas). En concreto, 17,131 MtCO2.

Veamos ahora en lo concreto la carne y la leche (los huevos los dejo para otra ocasión). Todos los datos están extraídos del “informe de inventario nacional de gases de efecto invernadero” del Ministerio de Transición Ecológica.

Vacas de carne. En el año 2017 se sacrificaron 2376882 de reses que produjeron 637737 toneladas de carne; es decir, cada vaca produce, por término medio, 268,3 kg de carne y emite 2,310 tCO2. Por tanto, cada kg de carne de vaca es responsable de 12,9 kgCO2, si aceptamos que los terneros y terneras se sacrifican cuando tienen entre 1 y 2 años (he puesto en el cálculo 1,5 años).

En España, el consumo, sin embargo, fue de mucho menos, 246377 toneladas (5,6 kg/persona.año). Con el cálculo anterior cada español medio es responsable de 72,3 kgCO2 al año por el hecho de comer carne de ternera. En definitiva, si reducimos al 50 % el consumo de carne de vacuno, reducimos 36,15 kgCO2 por persona y 1,7 MtCO2la totalidad de los españoles.

En relación con las vacas tenemos dos tipos de resultados: las emisiones de todo el ganado vacuno que hay en España (14,448 MtCO2) y el correspondiente a la carne que ingerimos los españoles 3,4 MtCO2.

Vamos ahora con la leche. Vacas lecheras estabuladas en el año 2017, 839729 reses. Esas vacas han producido 1,94 MtCO2 (incluidas en las 14,448 MtCO2que dimos antes para el conjunto de las vacas españolas). Leche producida, 7117742 toneladas/año.

Así pues cada vaca produce en valor medio 8476 kg de leche al año.

Consumo de leche en los hogares, 268423 toneladas/año. Por tanto, la leche que consumimos los españoles es la equivalente a 31668 vacas que han emitido 73 ktCO2. Así pues, cada kg de leche es responsable de 0,273 kgCO2.

Si pensamos que el resto de la leche va a la fabricación de productos lácteos (queso, yogur, etc.) podemos aceptar que todo ese sector es responsable de la emisión de 1,936 MtCO2 (0,65 % de las emisiones netas). No he tenido en cuenta que también se exporta al extranjero una parte importante de la leche de las vacas españolas.

La primera conclusión parcial es que reducir el consumo de leche no va a afectar gran cosa a la reducción de emisiones. Es totalmente irrelevante, se diga lo que se diga. Si como antes admitimos reducir en un 50 % la ingesta de leche y de productos lácteos, evitaríamos la emisión de 0,968 MtCO2 al año.Otros rumiantes (ovejas y cabras).

Ovejas, en el año 2016, 15962890 cabezas de las cuales 2224465 fueron destinadas a la producción de leche, 546 millones de litros. Las cabras eran en 2016, 3088040 que dieron 507 millones de litros de leche. En carne, las ovejas (corderos) produjeron 117054 toneladas de carne y las cabras 9842 toneladas.

Tengo hechos los números correspondientes pero no son importantes y por eso no los pongo para no hacer esto demasiado pesado.Si sumamos todo, resulta lo siguiente: Carne y leche, 5,34 MtCO2/año, cantidad incluida en el total de 14,448 MtCO2 que dábamos para el conjunto del ganado vacuno que tenemos en España. Si reducimos al 50 % el consumo de carne y de leche las emisiones que podríamos evitar serían de 2,668 MtCO2. Habrá quien piense que es mucho pero debemos compararlo con las 67 MtCO2 si rebajamos al 50 % el consumo de energía en nuestros hogares y el consumo de combustibles de nuestros coches. El reducir al 50 % el consumo de los coches y en las viviendas es 25 veces más eficiente que disminuir en un 50 % la ingesta de carne y leche. No digamos el CO2 que podríamos absorber si cada español planta un árbol (1,877 MtCO2 cada año a partir del décimo después de plantado).Quiero terminar dejando claro que me parece muy bien que haya personas que no quieran comer carne, leche y huevos y, por supuesto, los vegetarianos. Creo que son opciones personales dignas del mayor respeto. Pero también me parece necesario aclarar las repercusiones que esas decisiones pueden tener sobre el cambio climático. No quiero entrar en debates de fondo relacionados con el asunto. Solo he pretendido dejar claros algunos detalles en el caso de España.Valeriano Ruiz Hernández

Economía/Social

Sin un cambio radical en las políticas públicas, la región se perpetúa como paradigma de un modelo colonial que la está dejando exangüe, con la expulsión de los jóvenes y el aumento de nichos en los cementerios como única expansión del suelo urbano

Julian Mora Aliseda

Últimamente estamos asistiendo a una apuesta sin precedentes por un cambio de modelo económico orientado hacia la sostenibilidad, especialmente tras la Cumbre de Río (1992) y el Protocolo de Kyoto (1997). En este nuevo rumbo se da prioridad al medio ambiente y a la descarbonización, donde la Unión Europea está liderando el proceso, aumentando la superficie de espacios protegidos y firmando el Acuerdo de París (2015), para reducir el Calentamiento Global. 

En los diferentes informes internacionales se afirma que el cambio de modelo pasa por las energías renovables, lo que tendría repercusiones positivas no sólo sobre el planeta sino también sobre las regiones productoras en materia de riqueza y empleo, sin embargo, eso último eso no es así en todos los sitios.

Pongamos el caso de Extremadura, que produce un 440% de la energía que necesita, tanto de origen nuclear (central de Almaraz), que no emite CO2 a la atmósfera (no entro a considerar los riesgos), como hidráulico, merced a su red de grandes embalses (Alcántara, Valdecañas, Cíjara, La Serena, etc.) y solar, con 12 grandes plantas fotovoltaicas y una eólica (a las que se sumarán en breve decenas de ellas). Todo esto la convierte en una región exportadora, pues con la energía que genera cubre la demanda de ocho comunidades autónomas. Sólo en energías renovables Extremadura ya produce más de lo que consume.

Sin embargo, a pesar de este «monocultivo eléctrico», sigue siendo la región más pobre de España, dado que esas producciones no generan apenas empleo ni las grandes empresas propietarias radican fiscalmente en la región, con lo que esto supone en el ámbito de los impuestos. Todo ello sin entrar en la financiación europea para esos ‘parques energéticos’, que darían para provocar todo un proceso industrializador en esta comunidad autónoma.

Con la paradoja añadida de que muchas grandes presas, especialmente las de la cuenca del Tajo, al priorizar la producción hidroeléctrica, está perjudicando a los regantes que van a perder sus cultivos por estar turbinando sin parar en época de sequía, como ocurre ahora con Valdecañas, al 30% de su capacidad y soltando agua.

Esto es un expolio de recursos en toda regla, sobre el que nadie se pronuncia, a pesar de ser un ejemplo palpable e incomprensible en el siglo XXI de la aplicación del modelo teórico ‘centro-periferia’ o, lo que es lo mismo, una economía de la dependencia, instalada desde mediados del siglo XIX en el ámbito agropecuario (sin transformación industrial) y ahora en un sector básico para el desarrollo de otros territorios y para combatir el cambio climático, como es la energía. 

La economía de Extremadura es la más ecológica, dado que es la región con menos emisiones de CO2 por kilómetro cuadrado de toda España debido a la ausencia de industrias y por ser las dos provincias con mayor extensión de bosques, predominantemente de dehesa, donde crecen 630 millones de árboles (casi 600 árboles por habitante, frente a una media nacional de 160). Asimismo es la región que, con 1.300.000 hectáreas de superficie protegida, aporta el 23% de todas las áreas terrestres conservadas del país. Es decir, contribuye a España con el triple de extensión de la Red Natura de lo que supone geográficamente la región. Si utilizamos la superficie protegida en función de la población, comprobamos que a los extremeños les corresponde (1,27 hectáreas protegidas por habitante), frente a una media nacional de 12 veces inferior (0,11 hectáreas por habitante). 

En definitiva, Extremadura es una «región sumidero de carbono» en la que no se corresponden sus servicios medioambientales (bosques, espacios protegidos, reservas hídricas o energías renovables) al conjunto de la sociedad con lo que recibe a cambio. Esto es una injusticia territorial y ambiental.

Por consiguiente, lo que se aconseja como modelo futuro de ‘economía verde’ para la UE es lo que ya viene aplicándose rigurosamente en Extremadura, con resultados desalentadores: las mayores tasas de desempleo y las menores rentas.

Si Extremadura, con sus excedentes de recursos naturales, no define una estrategia que mitigue el intercambio desigual con las zonas desarrolladas, la brecha seguirá ampliándose impulsada por el círculo vicioso de la pobreza del que no puede escapar (la propia legislación autonómica dificulta el asentamiento de actividades), y cuya salida sigue siendo la hemorragia de sus recursos humanos, condenados al ostracismo por la ausencia de oportunidades.

Y conste que no me opongo a la instalación de espejos solares ni molinos eólicos, todo lo contrario, lo que me parece inadmisible es que se exploten estos recursos sin apenas compensaciones económicas o laborales. Para ello se debe establecer un sistema regulatorio que haga atractiva la instalación de empresas en Extremadura, con la reducción significativa del coste de la electricidad junto a otras bonificaciones por ser región ‘desfavorecida’, que actúe como acicate para generar sinergias que se plasmen en nuevas actividades transformadoras de recursos y con domicilio fiscal en el territorio. 

Sin un cambio radical en las políticas públicas, que apoyen esa transformación industrial de nuestros recursos (agroganaderos, forestales y mineros), Extremadura se perpetúa como paradigma de un modelo colonial que la está dejando exangüe, con la expulsión de los jóvenes y el aumento de nichos en los cementerios como única expansión del suelo urbano.

Ciencia y Tecnología

En lugar de invertir millones de euros en construir redes para seguir alimentando el crecimiento asimétrico, que se reduzca el precio de la electricidad consumida en las proximidades de su generación. En lugar de priorizar de nuevo a las regiones ricas, que se lleve la banda ancha a las zonas que se están quedando vacías para atraer población. Que se fomente el autoconsumo industrial con ayudas para que la energía sea mas económica donde se genera.


La invasión de los suelos extremeños por plantas fotovoltaicas puede convertirse en la tercera colonización energética que vivimos en Extremadura. La primera de ellas, en los años 60, fue la construcción de los pantanos, sobre todo los de la cuenca del Tajo, que fueron diseñados esencialmente para la producción de energía eléctrica. Se inundaron valles, algunos pueblos tuvieron que ser abandonados, todo ello para generar la energía eléctrica cuya demanda subía a lomos de la creciente industrialización del norte de España. Iberduero, empresa eminentemente vasca, lideró aquel proceso, y su presidente Iñigo Oriol se instaló en Extremadura comprando una hermosa finca en la provincia de Cáceres. Puede asegurarse que Iberduero se convierte en el principal beneficiado de esta primera colonización energética. Mientras que Extremadura cedía sus cuencas y riberas para esta generación hidroeléctrica, el Instituto Nacional de Industria realizaba gran parte de sus inversiones para potenciar el tejido industrial de Cataluña y las provincias vascongadas; se implanta Seat en Barcelona, se crea el polo químico de Tarragona, y se potencian la industria de acero y los astilleros de Vizcaya, etc. Como consecuencia de estas políticas, los extremeños tuvieron que salir detrás de los kilovatios a encontrar empleo en aquellas regiones.

Llegó la década de los 70 y vivimos la segunda colonización energética, la nuclear. La creciente demanda de Madrid y las regiones industrializadas requería una mayor generación de energía eléctrica. En este caso se acude a la construcción de centrales nucleares, y nuevamente Extremadura es elegida para instalar una parte importante de esas nuevas fuentes de generación de electricidad; primero sería la central nuclear de Almaraz en 1973, la mayor de España con sus dos reactores de 1.050 MW. Dos años después, en 1975, se inician las obras del segundo proyecto nuclear en las proximidades de Valdecaballeros para ubicar dos reactores de 950 MW. La fuerte oposición del pueblo extremeño obligó a abandonar este proyecto cuando ya esta ejecutado un 65%. Todos los extremeños hemos pagado los 2.000 millones de euros de aquella decisión en el recibo de la luz a través del recargo por la moratoria nuclear.

Si Extremadura produce 4,2 veces la energía eléctrica que consume, con Valdecaballeros habríamos generado 8 veces nuestras necesidades, siendo la comunidad con mayor superávit energético de España. En este medio siglo transcurrido ha quedado claro que ni la primera ni la segunda colonización energética han supuesto el despegue industrial y de empleo de Extremadura que en justicia debiera haberse producido.

Llegamos al siglo XXI, y nos hemos lanzado abiertamente a ser nuevamente líderes españoles en generación de electricidad con fuentes renovables. Está prevista la construcción de nuevas plantas fotovoltáicas con una potencia instalada de 10.000 MW, cinco veces Almaraz. De nuevo tenemos al presidente de la actual Iberdrola frecuentando nuestra tierra y anunciando que invertirá en Extremadura una ingente cantidad de dinero, pero la pregunta clave es: ¿servirá el ceder miles de hectáreas del suelo extremeño en esta tercera colonización energética para sacarnos de una vez del furgón de cola? ¿Vendrán las inversiones industriales a implantarse junto a las fuentes de generación de la energía que tanto necesitan?

Geografía y Medio Ambiente

Decía Delibes que «el campo es una de las pocas oportunidades que aún restan para huir». Así que yo, disciplinada criatura, preparé a tiempo el petate y algunas horas después del alba, salí a escape huyendo de las bubucelas, pitos, tambores, fastos, botellones y algarabías carnavaleras para refugiarme en el campo siguiendo al pie de la letra los sabios consejos de don Miguel. Que vuesas mercedes disfruten en paz y gracia del carnaval, y hasta de doña cuaresma si fuera menester, que un servidor poniendo tierra de por medio y evitando la ocasión, evita el peligro y en la penitencia de estas soledades rayanas os encomendará en mis santas preces. Amén. Y hete aquí que en llegando casi a mi destino levanté una airosa pareja de perdiz roja, de esas que ahora andan machihembrando por estos campos y no pude menos que añorar los años en que –¡ay mísero de mí!– las cazaba inmisericorde. No sé si atreverme a comentárselo, don Miguel, no es mi intención conturbar su serena visión del Altísimo por las umbrías celestes, pero en esta nuestra Castilla que «si tiene el cielo tan alto es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo», y en artera maniobra secundada por alguna ilustrísima togada, los animalistas han conseguido, a la sazón, prohibir la caza. Sí, don Miguel, también la de la perdiz roja ¡válgame el cielo!

Y es que las cosas andan por aquí revueltas, don Miguel. Los campesiños de Galicia protestan desesperados porque los jabalíes les destrozan sus maizales y hasta se adentran descaradamente en pueblos y ciudades. Los lobos han vuelto a las andadas y atacan otra vez a los rebaños sabiéndose impunes. El equilibrio se resquebraja. Y los ‘animalistas’ andan todo el día peleando y en su ignorancia culpable atacando a los cazadores, y a la caza, sin enterarse de que, gracias a ellos, el equilibrio ecológico nos permite vivir sin sobresaltos. Usted, don Miguel, que declaró: «No soy un escritor que caza, sino un cazador que escribe… Soy un ecologista que escribe y caza», entenderá bien el disparate de los que so pretexto de conservar la naturaleza la están llevando al desastre. Juegan a ecologistas pensando que el asunto consiste en disfrazarse de anti-sistema y oponerse a todo.

Siempre. Sea lo que sea. Excepto a trincar las subvenciones, que eso es cosa seria porque en España, admirado Delibes, no hay en estos momentos disparate alguno que no sea subvencionable. Y al socaire de ideas respetables como la defensa de la naturaleza y el hacer un futuro ecológicamente sostenible, se han convertido en verdaderos depredadores, inutilidades subvencionadas frenando cualquier atisbo de progreso. Y así, en nuestra ‘Extremadura de Castilla’, los sacerdotes de la mística pseudo-ecologista se han convertido en un peligroso cáncer enemigos de todo progreso.

Y lo peor es que hay jueces –los dioses me libren de referirme a ninguno en particular– que siguen haciendo «la justicia que complace al príncipe». Y resulta que ‘el príncipe’ es su propia ideología, que prevalece en autos y sentencias por encima de la justa aplicación de la ley. Y eso Don Miguel, sí que es fascismo. Del peor.

ALFREDO LIÑÁN CORROCHANO

Economía/Social

La pasada semana se celebró en La Económica un debate sobre la sentencia del derribo de la Isla de Valdecañas. En ella participaron juristas, expertos biólogos y los promotores del proyecto. Ni soy jurista, ni biólogo ni tengo nada que ver con los inversores. Soy un mero ciudadano que ve con asombro e indignación que proyectos que pueden cambiar la secular pobreza de Extremadura tengan tan difícil cabida en esta región.

Seguramente hay razones jurídicas, biológicas e ideológicas para derribarlos, pero también hay, y muchas, razones jurídicas, biológicas e ideológicas para mantenerlo y promover muchos más proyectos de esta naturaleza en Extremadura.

«Summum ius, summa iniuria», sumo derecho, suma injusticia. Salta a los ojos de la razón del común de los mortales que la pena es absolutamente desproporcionada. En la mesa se justificó, que se había declarado zona ZEPA –Zona de especial protección de aves– a prisas y corriendo, pues la UE nos exigía que si queríamos tener subvenciones europeas, deberíamos ampliar nuestras ZEPA. Que quien paga manda. ¿No nos estarán de nuevo condenando a una pobreza perpetua nuestra dependencia de las subvenciones?. En Extremadura hay una industria de la búsqueda y captura de la subvención que incentiva la existencia, persistencia, demanda y dependencia. La Isla de Valdecañas se declaró zona ZEPA para poder Extremadura seguir subvencionada. Así de claro, y después un juez considera que donde hay una ZEPA no puede haber desarrollo urbanístico.

Sobre la mejora o deterioro medioambiental y de la diversidad biológica no hay duda que ha mejorado. No lo entiendo. Me resulta indignante. Y aunque ya estaba más que trillado este tema, yo quería también pronunciarme. Derribarlo sería intolerable y un nuevo freno al desarrollo de la región.

Antonio Garcia Salas

Ferrocarril en Extremadura

El tren en Extremadura y el Club Sénior


Se ha escrito tanto y con tanta reiteración sobre las obras el ferrocarril de Extremadura que probablemente esté saturada la lógica curiosidad de los lectores. Y, sin embargo, todavía hay algunas cuestiones que necesitan aclaración o concreción y a las que hay que responder con la máxima objetividad y sinceridad. La búsqueda de respuestas a esas preguntas es el objetivo que nos hemos marcado un equipo de ingenieros del Club Sénior de Extremadura mediante la elaboración periódica de informes técnicos de seguimiento de los proyectos y obras del ferrocarril Badajoz-Madrid. El tercero de esos informes fue presentado el pasado 30 de octubre.

En principio, es de justicia reconocer que la tan deseada modernización de las estructuras ferroviarias de Extremadura ha contado con un notable impulso de los dos últimos titulares del Ministerio de Fomento. Pero ese impulso solamente ha paliado las últimas consecuencias de la desastrosa programación y gestión de todo el proceso de desarrollo de la nueva infraestructura, en el que se ha dejado prescribir una declaración de impacto ambiental, se han anulado una decena de proyectos de construcción, se ha permitido retrasar varios años el comienzo de algunas obras, se han rescindido contratos y se ha cambiado de criterio de diseño en múltiples ocasiones. Todos esos desajustes y negligencias han provocado la indignación y el hastío de los ciudadanos.

¿Qué clase de ferrocarril tendremos los extremeños? ¿Cuándo estará disponible ese nuevo tren de altas prestaciones? Estas son las dos cuestiones que, imagino, preocupan e interesan a todos. Y para colaborar a evitar nuevas dilaciones y frustraciones, es por lo que expertos del Club Senior venimos trabajando con total desinterés y con la máxima objetividad profesional desde hace casi dos años.

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