Geografía y Medio Ambiente

Decía Delibes que «el campo es una de las pocas oportunidades que aún restan para huir». Así que yo, disciplinada criatura, preparé a tiempo el petate y algunas horas después del alba, salí a escape huyendo de las bubucelas, pitos, tambores, fastos, botellones y algarabías carnavaleras para refugiarme en el campo siguiendo al pie de la letra los sabios consejos de don Miguel. Que vuesas mercedes disfruten en paz y gracia del carnaval, y hasta de doña cuaresma si fuera menester, que un servidor poniendo tierra de por medio y evitando la ocasión, evita el peligro y en la penitencia de estas soledades rayanas os encomendará en mis santas preces. Amén. Y hete aquí que en llegando casi a mi destino levanté una airosa pareja de perdiz roja, de esas que ahora andan machihembrando por estos campos y no pude menos que añorar los años en que –¡ay mísero de mí!– las cazaba inmisericorde. No sé si atreverme a comentárselo, don Miguel, no es mi intención conturbar su serena visión del Altísimo por las umbrías celestes, pero en esta nuestra Castilla que «si tiene el cielo tan alto es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo», y en artera maniobra secundada por alguna ilustrísima togada, los animalistas han conseguido, a la sazón, prohibir la caza. Sí, don Miguel, también la de la perdiz roja ¡válgame el cielo!

Y es que las cosas andan por aquí revueltas, don Miguel. Los campesiños de Galicia protestan desesperados porque los jabalíes les destrozan sus maizales y hasta se adentran descaradamente en pueblos y ciudades. Los lobos han vuelto a las andadas y atacan otra vez a los rebaños sabiéndose impunes. El equilibrio se resquebraja. Y los ‘animalistas’ andan todo el día peleando y en su ignorancia culpable atacando a los cazadores, y a la caza, sin enterarse de que, gracias a ellos, el equilibrio ecológico nos permite vivir sin sobresaltos. Usted, don Miguel, que declaró: «No soy un escritor que caza, sino un cazador que escribe… Soy un ecologista que escribe y caza», entenderá bien el disparate de los que so pretexto de conservar la naturaleza la están llevando al desastre. Juegan a ecologistas pensando que el asunto consiste en disfrazarse de anti-sistema y oponerse a todo.

Siempre. Sea lo que sea. Excepto a trincar las subvenciones, que eso es cosa seria porque en España, admirado Delibes, no hay en estos momentos disparate alguno que no sea subvencionable. Y al socaire de ideas respetables como la defensa de la naturaleza y el hacer un futuro ecológicamente sostenible, se han convertido en verdaderos depredadores, inutilidades subvencionadas frenando cualquier atisbo de progreso. Y así, en nuestra ‘Extremadura de Castilla’, los sacerdotes de la mística pseudo-ecologista se han convertido en un peligroso cáncer enemigos de todo progreso.

Y lo peor es que hay jueces –los dioses me libren de referirme a ninguno en particular– que siguen haciendo «la justicia que complace al príncipe». Y resulta que ‘el príncipe’ es su propia ideología, que prevalece en autos y sentencias por encima de la justa aplicación de la ley. Y eso Don Miguel, sí que es fascismo. Del peor.

ALFREDO LIÑÁN CORROCHANO

Economía/Social

La pasada semana se celebró en La Económica un debate sobre la sentencia del derribo de la Isla de Valdecañas. En ella participaron juristas, expertos biólogos y los promotores del proyecto. Ni soy jurista, ni biólogo ni tengo nada que ver con los inversores. Soy un mero ciudadano que ve con asombro e indignación que proyectos que pueden cambiar la secular pobreza de Extremadura tengan tan difícil cabida en esta región.

Seguramente hay razones jurídicas, biológicas e ideológicas para derribarlos, pero también hay, y muchas, razones jurídicas, biológicas e ideológicas para mantenerlo y promover muchos más proyectos de esta naturaleza en Extremadura.

«Summum ius, summa iniuria», sumo derecho, suma injusticia. Salta a los ojos de la razón del común de los mortales que la pena es absolutamente desproporcionada. En la mesa se justificó, que se había declarado zona ZEPA –Zona de especial protección de aves– a prisas y corriendo, pues la UE nos exigía que si queríamos tener subvenciones europeas, deberíamos ampliar nuestras ZEPA. Que quien paga manda. ¿No nos estarán de nuevo condenando a una pobreza perpetua nuestra dependencia de las subvenciones?. En Extremadura hay una industria de la búsqueda y captura de la subvención que incentiva la existencia, persistencia, demanda y dependencia. La Isla de Valdecañas se declaró zona ZEPA para poder Extremadura seguir subvencionada. Así de claro, y después un juez considera que donde hay una ZEPA no puede haber desarrollo urbanístico.

Sobre la mejora o deterioro medioambiental y de la diversidad biológica no hay duda que ha mejorado. No lo entiendo. Me resulta indignante. Y aunque ya estaba más que trillado este tema, yo quería también pronunciarme. Derribarlo sería intolerable y un nuevo freno al desarrollo de la región.

Antonio Garcia Salas

Ferrocarril en Extremadura

El tren en Extremadura y el Club Sénior


Se ha escrito tanto y con tanta reiteración sobre las obras el ferrocarril de Extremadura que probablemente esté saturada la lógica curiosidad de los lectores. Y, sin embargo, todavía hay algunas cuestiones que necesitan aclaración o concreción y a las que hay que responder con la máxima objetividad y sinceridad. La búsqueda de respuestas a esas preguntas es el objetivo que nos hemos marcado un equipo de ingenieros del Club Sénior de Extremadura mediante la elaboración periódica de informes técnicos de seguimiento de los proyectos y obras del ferrocarril Badajoz-Madrid. El tercero de esos informes fue presentado el pasado 30 de octubre.

En principio, es de justicia reconocer que la tan deseada modernización de las estructuras ferroviarias de Extremadura ha contado con un notable impulso de los dos últimos titulares del Ministerio de Fomento. Pero ese impulso solamente ha paliado las últimas consecuencias de la desastrosa programación y gestión de todo el proceso de desarrollo de la nueva infraestructura, en el que se ha dejado prescribir una declaración de impacto ambiental, se han anulado una decena de proyectos de construcción, se ha permitido retrasar varios años el comienzo de algunas obras, se han rescindido contratos y se ha cambiado de criterio de diseño en múltiples ocasiones. Todos esos desajustes y negligencias han provocado la indignación y el hastío de los ciudadanos.

¿Qué clase de ferrocarril tendremos los extremeños? ¿Cuándo estará disponible ese nuevo tren de altas prestaciones? Estas son las dos cuestiones que, imagino, preocupan e interesan a todos. Y para colaborar a evitar nuevas dilaciones y frustraciones, es por lo que expertos del Club Senior venimos trabajando con total desinterés y con la máxima objetividad profesional desde hace casi dos años.

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Ferrocarril en Extremadura

Un informe del Club Senior pone de manifiesto retrasos, especialmente en los tramos más próximos a Plasencia. Hablamos con Norberto Díez González, Coordinador de Infraestructura del Club Senior: “Todos los tramos entre Badajoz y Plasencia están terminados o en obras pero será complicado que se puedan cumplir los plazos para la entrada en servicio del tren rápido”.

Geografía y Medio Ambiente

Pedro Martin Ruiz, licenciado en Derecho, sociólogo.

Autor de libros y publicaciones sobre sociología rural, ordenación del territorio y desarrollo regional.

Pertenece al Club Senior.